viernes, 27 de marzo de 2015

EL SINDROME DE MUERTE SÚBITA EN LACTACTES

Reducir el riesgo

La falta de respuestas a las dudas que se plantean es una de las razones por las que el síndrome de la muerte súbita en lactantes (Sudden Infant Death Syndrom, SIDS) provoca tanto temor. El síndrome de la muerte súbita en lactantes (SMSL) es la causa principal de muerte en los bebés de entre un mes y un año, y cada año se cobra las vidas de aproximadamente 2.500 niños(as) en Estados Unidos. A pesar de los años invertidos en la investigación de esta enfermedad, sigue siendo imprevisible.
Sin embargo, es posible reducir notablemente el riesgo de SMSL. Para empezar, si su hijo(a) es menor de un año, lo más importante es lo que acueste a sobre la espalda, nunca boca abajo.

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Tal y como su nombre indica, el SMSL se trata de la muerte súbita que ocurre de manera inexplicable en infantes menores de un año de edad. Es una enfermedad que da miedo porque puede presentarse sin previo aviso, generalmente en bebés aparentemente sanos. La mayoría de los casos de SMSL se producen mientras los niños duermen (por ello, se conoce también como "muerte en la cuna"). Los niños que mueren a causa de SMSL no demuestran signos de haber sufrido.
Mientras que la mayoría de las enfermedades generalmente se diagnostican por la presencia de síntomas específicos, la mayoría de los diagnósticos de SMSL ocurren después de que otras posibles causas de muerte se hayan descartado al revisar la historia médica del infante, durmiendo ambiente, y la autopsia. Esta revisión puede ayudar a distinguir un verdadero caso de muerte por SIDS de otras muertes que pueden deberse a accidentes, malos tratos y otras afecciones no diagnosticadas, como trastornos cardiacos o del metabolismo.
Para determinar cuáles son los bebés que presentan mayor riesgo, se debe tener en cuenta que no existe un factor de riesgo significativo que por sí solo sea suficiente para causar SMSL. Por el contrario, existen ciertos factores de riesgo que cuando se dan a la vez pueden contribuir a que un infante en situación de riesgo muera por SMSL.
La mayoría de las muertes por SMSL ocurren entre los 2 y los 4 meses de edad, y esta frecuencia aumenta cuando las temperaturas son más frías. En los lactantes afroamericanos, la probabilidad de morir por SMSL es del doble en comparación con los bebés blancos, y en los nativos norteamericanos, del triple. Los niños tienen mayor probabilidad de morir por SIDS que las niñas.
Otros riesgos potenciales incluyen:
  • fumar, beber o consumir drogas durante el embarazo
  • atención médica prenatal deficiente
  • bebés prematuros o con bajo peso al nacer
  • madres menores de 20 años
  • bebés expuestos al humo del tabaco después de su nacimiento
  • exceso de calor por demasiada vestimenta o ropa de cama a la hora de dormir
  • dormir boca abajo

Dormir sobre la barriga

Entre los factores de riesgo anteriormente mencionados, dormir sobre la barriga es el primero. Numerosos estudios demuestran una mayor incidencia de SMSL entre los lactantes que duermen boca abajo en comparación con los que duermen boca arriba. Algunas investigaciones han formulado la hipótesis de que dormir boca abajo crea presión sobre la mandíbula del bebé, lo que hace que se estrechen las vías respiratorias y se haga más difícil respirar.
Según otra teoría, dormir boca abajo puede incrementar el riesgo de que el infante "vuelva a respirar" el aire de su propia exhalación, particularmente si duerme sobre un colchón blando o con ropa de cama, muñecos de peluche o una almohada cerca de su cara. Cuando esto ocurre, la superficie blanda crea una especie de cavidad alrededor de la boca del bebé donde queda retenido el aire exhalado. A medida que el bebé respira su propio aire exhalado, el nivel de oxígeno en su cuerpo disminuye y el dióxido de carbono se acumula. Finalmente, la falta de oxigeno contribuye a la muerte por SMSL.
Además, los lactantes que mueren por SMSL pueden tener una anomalía en el núcleo arcuato (hipotálamo mediobasal), una parte del cerebro que ayuda a controlar la respiración y el despertar durante el sueño. Si un bebé respira aire que no es fresco y no obtiene suficiente oxígeno, el cerebro generalmente desencadena la necesidad de despertarse y llorar del bebé. Este movimiento cambia los patrones de respiración y los latidos del corazón, para compensar la falta de oxígeno. Pero si el bebé tiene un problema en el núcleo arcuato, esta reacción involuntaria puede no producirse y, por tanto, el riesgo de morir a causa de SMSL será mayor.

Volver a "quedarse dormido"

La notable cantidad de pruebas que indican que dormir boca abajo puede contribuir al SMSL ha motivado a la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) a recomendar en 1992 que todos los lactantes sanos menores de un año de edad duerman sobre la espalda (lo que también se conoce como posición supina).
Desde que se dio a conocer esta recomendación de la AAP, la tasa de muerte por SMSL ha descendido más de un 50 por ciento. De todas maneras, el SMSL aún continúa siendo la causa principal de muerte en los lactantes de menor edad. Por ello, es importante recordar a los padres constantemente la necesidad de que sus bebés duerman boca arriba.
A muchos padres les preocupa que al acostar a sus bebés sobre la espalda estos puedan ahogarse con su propia saliva o vomito. Sin embargo, la AAP informa que no hay un incremento en el riesgo de ahogo en niños sanos que duermen sobre la espalda. Para los infantes que padecen de la enfermedad del reflujo gastroesofágico (su sigla en inglés es GERD) o ciertos tipos de malformaciones de las vías respiratorias superiores, dormir boca abajo puede ser una opción mejor. La AAP recomienda a los padres a que consulten al pediatra de sus hijos en estos casos particulares para determinar la mejor posición en la que el bebé debe dormir.
Según indica la AAP, acostar a los bebés de costado tampoco es una buena idea, pues existe el riesgo de que los niños se giren y acaben durmiendo boca abajo.
Algunos padres también temen que se produzca plagiocefalia postural o deformativa (positional plagiocephaly, en inglés), que consiste en una deformación por la cual, en algunos bebés, como consecuencia de permanecer mucho tiempo recostados sobre su espalda, puede aplanarse la parte posterior de sus cabezas. Desde la difusión de la campaña "Dormir boca arriba" (Back to Sleep), este problema se ha vuelto bastante común, pero generalmente se trata fácilmente cambiando con frecuencia la posición del bebé y permitiéndole estar más tiempo "sobre su barriga" mientras esté despierto.
Por supuesto, una vez que los bebés ya pueden voltearse por si solos mientras duermen, generalmente entre los 4 y 7 meses, es posible que prefieran no estar boca arriba toda la noche. A partir de este momento, se puede dejar que los bebés elijan la posición para dormir que prefieran.


Consejos para reducir el riesgo de SIDS

Además de acostar a los lactantes sobre la espalda, la AAP propone las siguientes medidas para ayudar a reducir el riesgo de SMSL:
  • Acueste a su bebé sobre un colchón firme, nunca sobre una almohada, cama de agua, piel de oveja, sofá, sillón o cualquier otra superficie suave. Para evitar que vuelva a respirar el aire exhalado, no coloque cerca de su bebé mantas, edredones, muñecos de peluche o almohadas.
  • Asegúrese que su bebé no tenga demasiado calor mientras duerme. Mantenga la habitación a una temperatura agradable para un adulto vestido con una camisa de manga corta. Algunas investigaciones parecen indicar que si un bebé siente demasiado calor puede caer en un sueño profundo que hará mucho más difícil que se despierte.
  • No fume, beba ni consuma drogas mientras esté embarazada y no exponga a su bebé al humo que otros fumadores. Los lactantes de las madres que fumaron durante el embarazo tienen tres veces más probabilidad de morir a causa de SMSL que los bebés de las madres que no fumaron; la exposición al humo de terceras personas duplica el riesgo de SMSL en los bebés. Los investigadores especulan que fumar puede afectar al sistema nervioso, no sólo en el período prenatal sino también después del nacimiento, lo que se traduce en un riesgo mayor para los bebés.
  • Reciba atención médica prenatal desde las primeras etapas y de manera frecuente.
  • Asegúrese de que su bebé pase las revisiones médicas adecuadas con regularidad.
  • De ser posible, alimente a su bebé con leche materna. Existen pruebas de que dar el pecho a los lactantes puede ayudar a disminuir la incidencia de SMSL. La razón de esto aún no está clara, aunque los investigadores piensan que la leche materna protege a los bebés de las infecciones, que aumentan el riesgo de SMSL.
  • Si su bebé sufre reflujo gastroesofágico, asegurase de seguir las instrucciones del pediatra de su bebé respecto a las posiciones en las que debe alimentarlo y acostarlo.
  • Acueste a su bebé con un chupete durante el primer año de vida. Si su bebé lo rechaza, no lo fuerce. Los chupetes se han asociado a un menor riesgo de SMSL. Si usted alimenta a su bebé con leche materna, trate de esperar un mes antes de darle el chupete, para que el bebé se acostumbre a la lactancia.
  • Aunque los padres pueden llevarse a la cama a sus bebés para alimentarlos o darles consuelo, en cuanto se queden dormidos, deben volver a acostarlos en su cuna o moisés. Es una buena idea mantener la cuna o el moisés en la habitación donde duermen los padres. Esta costumbre se ha asociado a una disminución en la incidencia de SMSL.
Para los padres y familias que han pasado por la experiencia de perder a su bebé a causa del SMSL, existen varios grupos de apoyo, como la Alianza para la Muerte Súbita en los Lactantes (Sudden Infant Death Syndrome Alliance), que pueden proporciona asesoramiento psicológico y apoyo frente al dolor, así conexiones con otros recursos.
Incrementar el conocimiento público sobre el SMSL y las precauciones que deben tenerse en cuenta para prevenirlo debería ayudar a que en el futuro no haya tantos padres que se sientan desorientados ante este sindrome.
Revisado por: Floyd R. Livingston Jr., MD
Fecha de revisión: marzo de 2014

LINK DIRECTO A LA FUENTE
 http://kidshealth.org/parent/en_espanol/general/sids_esp.html#

miércoles, 25 de marzo de 2015

Reflujo gastroesofágico en bebés

Reflujo gastroesofágico en bebés

Es una afección que ocurre cuando los contenidos estomacales se devuelven desde el estómago hasta el esófago. Esto provoca  regurgitación en los bebés.

Causas

Cuando una persona come, el alimento pasa desde la garganta al estómago a través del esófago. El esófago se conoce como tubo de paso de los alimentos o de la deglución.
Un anillo de fibras musculares en la parte superior del estómago impide que el alimento se devuelva hacia el esófago. Estas fibras musculares se denominan esfínter esofágico inferior o EEI. Si este músculo no se cierra bien, el alimento se puede devolver al esófago y esto se denomina reflujo gastroesofágico (ERGE).
En los bebés pequeños, es normal que se presente una pequeña cantidad de reflujo gastroesofágico. Sin embargo, el reflujo continuo con vómito frecuente puede irritar el esófago y provocar melindres en el bebé. El reflujo intenso que ocasiona pérdida de peso o problemas respiratorios no es anormal.

Síntomas

  • Tos, especialmente después de comer
  • Llanto excesivo como si se tuviera dolor
  • Vómito excesivo durante las primeras semanas de vida; empeora después de comer
  • Vómito extremadamente fuerte
  • No alimentarse bien
  • Negarse a comer
  • Crecimiento lento
  • Pérdida de peso
  • Sibilancias u otros problemas respiratorios

Pruebas y exámenes

El médico a menudo puede hacer el diagnóstico del problema haciendo preguntas sobre los síntomas del bebé y realizando un examen físico.
Los bebés que no están creciendo bien o tienen síntomas graves pueden necesitar más exámenes para encontrar el mejor tratamiento.
Los exámenes que se pueden hacer abarcan:
  • Monitoreo del pH esofágico de los contenidos del estómago que ingresan al esófago.
  • Radiografía del esófago.
  • Radiografía de las vías digestivas altas después de que se le ha dado a beber al bebé un líquido especial, llamado medio de contraste.

Tratamiento

Con frecuencia, no se necesita ningún cambio en la alimentación para los bebés que regurgitan, pero que están creciendo bien y que parecen, aparte de esto, satisfechos.
El médico o el personal de enfermería pueden sugerir cambios simples para aliviar los síntomas, tales como:
  • Hacer eructar al bebé después de beber 1 a 2 onzas de leche maternizada o después de alimentarlo en cada lado si lo está amamantando.
  • Agregar 1 cucharada de cereal de arroz a 2 onzas de leche maternizada, leche o leche materna extraída. De ser necesario, cambie el tamaño de la tetina del biberón o hágale un pequeño corte en X.
  • Sostener al bebé erguido durante 20 a 30 minutos después de alimentarlo.
  • Elevar la cabecera de la cuna. Su bebé todavía debe dormir boca arriba, a menos que el médico sugiera lo contrario.
Cuando el bebé empiece a ingerir alimentos sólidos, es posible que los alimentos espesos ayuden.
Se pueden usar medicamentos para reducir el ácido o incrementar el movimiento de los intestinos.

Expectativas (pronóstico)

La mayoría de los niños supera esta afección con el tiempo. En raras ocasiones, el reflujo puede continuar en la niñez y puede causar daño esofágico.

Posibles complicaciones

  • Neumonía por aspiración causada por el paso de los contenidos gástricos hacia los pulmones
  • Irritación e inflamación del esófago
  • Cicatrización y estrechamiento del esófago

Cuándo contactar a un profesional médico

Llame al médico si su bebé está vomitando con frecuencia.
  • El vómito es fuerte y el bebé tiene otros síntomas de reflujo.
  • El bebé tiene problemas para respirar después de vomitar.
  • El bebé está rechazando el alimento y está bajando de peso o no lo está aumentando.
  • El bebé está llorando con frecuencia.

Referencias

Orenstein S, Peters J, Khan S. Gastroesophageal reflux disease (GERD). In: Kliegman RM, Behrman RE, Jenson HB, Stanton BF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 19th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2011:chap 315.

Actualizado: 8/22/2013

Versión en inglés revisada por: Neil K. Kaneshiro, MD, MHA, Clinical Assistant Professor of Pediatrics, University of Washington School of Medicine. Also reviewed by David Zieve, MD, MHA, Bethanne Black, and the A.D.A.M. Editorial team.
Traducción y localización realizada por: DrTango, Inc.




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