martes, 19 de mayo de 2015

DIAGNOSTICO Y PREVENCIÓN DE LA PLAGIOCEFALIA POSICIONAL. Protocolo para un Sistema Público de Salud Positional plagiocephaly. Diagnosis and treatment

J. Esparza; J. Hinojosa; Mª J. Muñoz; A. Romance*; I. García-Recuero* y A. Muñoz**
Unidad de Cirugía Craneofacial (Servicios de Neurocirugía Pediátrica, Cirugía Maxilofacial* y Neurorradiología**).
Hospital Infantil 12 de Octubre. Madrid.


RESUMEN
Introducción. La plagiocefalia posicional es actualmente la causa más frecuente de asistencia en una consulta de neurocirugía pediátrica, tanto en España como en todos los países occidentales. A ello se suma la considerable confusión existente en la literatura en relación a aspectos como la terminología, conceptos fisiopatológicos, diagnóstico diferencial con lacraneosinostosis y por supuesto en el tratamiento más adecuado a seguir.
Objetivos. Intentar clarificar estos conceptos y además presentar un protocolo de asistencia que nos ha solicitado recientemente la Administración Sanitaria de la Comunidad de Madrid.
Protocolo. Pretende lograr la coordinación entre pediatras y neurocirujanos, así como conseguir una información precisa de los principales datos de esta patología para los familiares, pediatras y neurocirujanos.
Material y métodos. Se establecen una serie de datos de consenso. Los niños son clasificados en tres grados de deformación (leve, moderada y grave) según los índices medidos en fotografías digitales.
Además el proceso del diagnóstico y tratamiento tiene dos fases: fase pediátrica (hasta los 5 meses de edad) y fase neuroquirúrgica (desde los 5 meses de edad). Los niños serán enviados a Neurocirugía después de haber sido tratados con tratamiento posicional y rehabilitación y solamente a partir de los 5 meses de edad.
Las razones de todo ello son explicadas en el protocolo que define también las funciones y responsabilidades de cada especialista.
El tratamiento que se propone es escalonado, comenzando por las medidas posicionales y de rehabilitación, seguidas de ortesis craneal y en último lugar del tratamiento quirúrgico.







Hoja informativa para padres y familiares




Durante las primeras seis semanas de vida, los niños pueden tener una forma anormal de la cabeza debido a su paso por el canal del parto. Pasado este tiempo la cabeza suele recuperar un aspecto normal.

En los niños las deformidades de la cabeza más frecuentes son las llamadas posturales. En estas deformidades, las suturas ( los huesos que forman el cráneo están unidos por un tejido que forma las suturas

y que les permite estar flotando para dejar al cerebro crecer durante los primeros meses de vida) están abiertas permitiendo que el cerebro crezca sin que la deformación le produzca ningún daño.

Las causas de estos cambios en la forma de la cabeza del niño son debidas a presiones ejercidas sobre los hueso del cráneo durante el embarazo y en otras ocasiones a partos difíciles, tortícolis o en la mayoría de las veces a dormir siempre sobre el mismo lado. Es en estas ocasiones cuando frecuentemente la parte posterior de la cabeza del niño (región occipital) comienza a aplanarse bien en un lado o en los dos. Esta deformación puede también acompañarse de un adelantamiento del pabellón auricular del mismo lado, así como también de la frente e incluso de la mejilla.


¿Qué hacer para evitarlas?
Cambios posturales en la cuna.
¿Y para mejorarlas?

Se deben de realizar una serie de sencillas medidas que en la gran mayoría de los casos van a curar al niño:
  • - Poner juguetes en el lado contrario al "plano" para que gire la cabeza.
  • - Colocar la cuna de tal forma que al niño se le estimule y hable desde el lado contrario al aplanado.
  • - Levantar el colchón
  • - Permitir que el niño juegue sobre su "barriguita" durante los 3-4 meses primeros, siempre en presencia de los padres para fortalecer los músculos cervicales.
  • - En casos de dudas, consulte siempre con su pediatra.

RESUMEN
Introducción. La plagiocefalia posicional es actualmente la causa más frecuente de asistencia en una consulta de neurocirugía pediátrica, tanto en España como en todos los países occidentales. A ello se suma la considerable confusión existente en la literatura en relación a aspectos como la terminología, conceptos fisiopatológicos, diagnóstico diferencial con lacraneosinostosis y por supuesto en el tratamiento más adecuado a seguir.
Objetivos. Intentar clarificar estos conceptos y además presentar un protocolo de asistencia que nos ha solicitado recientemente la Administración Sanitaria de la Comunidad de Madrid.
Protocolo. Pretende lograr la coordinación entre pediatras y neurocirujanos, así como conseguir una información precisa de los principales datos de esta patología para los familiares, pediatras y neurocirujanos.
Material y métodos. Se establecen una serie de datos de consenso. Los niños son clasificados en tres grados de deformación (leve, moderada y grave) según los índices medidos en fotografías digitales.
Además el proceso del diagnóstico y tratamiento tiene dos fases: fase pediátrica (hasta los 5 meses de edad) y fase neuroquirúrgica (desde los 5 meses de edad). Los niños serán enviados a Neurocirugía después de haber sido tratados con tratamiento posicional y rehabilitación y solamente a partir de los 5 meses de edad.
Las razones de todo ello son explicadas en el protocolo que define también las funciones y responsabilidades de cada especialista.
El tratamiento que se propone es escalonado, comenzando por las medidas posicionales y de rehabilitación, seguidas de ortesis craneal y en último lugar del tratamiento quirúrgico.

Palabras clave: Plagiocefalia. Craneosinostosis occipital. Torticollis. Ortesis raneal.

Dr. Javier Esparza.
Servicio de Neurocirugía Pediátrica.
Hospital Infantil 12 de Octubre.
Avda. de Córdoba s/n. 28041 Madrid.


 
Palabras clave: Plagiocefalia. Craneosinostosis occipital. Torticollis. Ortesis raneal.
 
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viernes, 24 de abril de 2015

EL ASPECTO DE UN RECIÉN NACIDO: Qué es normal

En las escenas de partos que se ven en el cine o por televisión, la futura madre, a menudo perfectamente maquillada y repeinada, “da a luz” a un bebé tras unos cuantos gritos y gemidos. Segundos después, el médico les presenta a los emocionados padres un precioso y fotogénico bebé de varios meses, limpio y repeinado, balbuceando tiernamente.

Compare esta imagen con el aspecto que tiene realmente un recién nacido tras salir del vientre materno: azulado, cubierto de sangre y una sustancia blanquecina y pegajosa y con el aspecto de acabar de participar en un combate de boxeo.
Pero el hecho de que su bebé no se parezca a uno de esos querubines de Hollywood no debería ser motivo de sorpresa. Recuerde que el feto se desarrolla inmerso en líquido, replegado sobre sí mismo en un espacio que se le queda cada vez más pequeño dentro del útero. Todo el proceso suele culminar con el bebé siendo empujado a través de un canal del parto óseo y sumamente estrecho, siendo necesario a veces utilizar fórceps o ventosa.
De todos modos, hay dos cosas que conviene recordar:
  1. Generalmente, los rasgos que hacen que un bebé normal tenga un aspecto extraño sólo son temporales.
  2. A los ojos de un padre ilusionado y lleno de admiración, su bebé siempre será el bebé perfecto.

Aspecto general de los recién nacidos

El momento en que usted podrá ver, tocar o inspeccionar por primera vez a su recién nacido dependerá del tipo de parto que tenga, de su estado y del estado del bebé. Si tiene un parto vaginal sin complicaciones, deberían permitirle coger al bebé a los pocos minutos de dar a luz.
En la mayoría de los casos, los bebés parecen encontrarse en un estado de alerta tranquila aproximadamente durante la primera hora inmediatamente posterior al embarazo. Ése es un momento perfecto para que usted y su pequeño se empiecen a familiarizar el uno con el oto e inicien el proceso de formación del vínculo. Pero no se desespere si las circunstancias imposibilitan que conozca, vea o coja al bebé inmediatamente después de dar a luz. Pronto podrán pasar tiempo los dos juntos, y no hay pruebas científicas de que el retraso de ese encuentro repercuta negativamente sobre la salud o el comportamiento del bebé, ni sobre la ulterior relación materno-filial.
Durante las primeras semanas, se dará cuenta de que la mayor parte del tiempo su bebé tenderá a mantener los puños apretados, los codos, caderas y rodillas flexionados, y brazos y piernas replegados sobre la parte anterior del cuerpo. Esta postura se perece bastante a la posición fetal que mantuvo durante los últimos meses de embarazo. Los bebés que nacen prematuramente pueden presentar algunas diferencias en lo que se refiere a la postura, aspecto, actividad y comportamiento en comparación con los recién nacidos a término.
Los bebés nacen con una serie de respuestas instintivas a estímulos como la luz o el tacto, conocidas como reflejos primitivos, que desaparecen gradualmente conforme van madurando. Estos reflejos incluyen:
  • Reflejo de succión, que hace que el bebé succione con fuerza cualquier objeto que le pongan en la boca.
  • Reflejo de prensión, que hace que el bebé cierre la mano y apriete fuertemente los dedos cuando le aplican presión en la palma de la mano con un dedo u otro objeto.
  • Reflejo de Moro, o reacción de sobresalto, que hace que el bebé extienda súbitamente los brazos hacia los lados y luego los repliegue sobre el tronco cuando se sobresalta ante un ruido fuerte, una luz intensa, un olor fuerte, un movimiento repentino u otro estímulo.
Asimismo, debido a la inmadurez del sistema nervioso, a los recién nacidos les pueden temblar los brazos, las piernas o la barbilla, particularmente cuando lloran o están agitados.
Durante las primeras semanas generalmente los bebés se pasan la mayor parte del tiempo durmiendo. Esto puede estar todavía más exacerbado durante el primer día o primer par de días de vida en los recién nacidos a cuyas madres les administraron ciertos tipos de medicamentos o anestesia durante el parto.
A menudo a los padres les preocupa el patrón respiratorio de su de recién nacido, debido a la mayor atención que ha recibido últimamente el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Pero usted debe tener en cuenta que es normal que la respiración de un bebé tan pequeño sea un poco irregular.
Cuando un bebé está despierto, su frecuencia respiratoria puede variar ampliamente, a veces excediendo las 60 respiraciones por minuto, sobre todo cuando está agitado o después de un episodio de llantos. Los recién nacidos también tienen períodos durante los cuales dejan de respirar de 5 a 10 segundos y luego vuelven a respirar por sí mismos. Esto se conoce como respiración periódica, lo que tiende más a ocurrir durante el sueño y se considera completamente normal. De todos modos, si el bebé se pusiera azul o dejara de respirar durante un período de tiempo más largo, se trataría de una emergencia, en cuyo caso debería contactar inmediatamente con el pediatra o llevarlo al servicio de urgencias más cercano.
A pesar de que no empezará a hablar hasta mucho más tarde, su recién nacido producirá una sinfonía de sonidos -sobre todo grititos de alta frecuencia- además de los llantos de rigor. Los estornudos y los hipos también son muy frecuentes, y en los recién nacidos no indican que el bebé padezca alguna infección, alergias o problemas digestivos.

Cabeza

Puesto que la cabeza es la parte del cuerpo que suele abrirse paso a través del canal del parto, puede verse afectada por el traumatismo del parto. El cráneo del bebé está formado por varios huesos independientes que a la larga se acabarán fusionando. Esto permite que la inmensa cabeza del bebé se deforme ligeramente al pasar por el estrecho canal del parto sin provocar lesiones ni en el bebé ni en la madre.
La cabeza de un bebé nacido por parto vaginal a menudo presenta algún grado de deformidad o moldeamiento, que es cuando los huesos del cráneo del bebé se deforman y se superponen parcialmente, haciendo que la parte superior de la cabeza del bebé tenga una forma alargada, abombada, ovalada o, incluso, “apepinada”. Este aspecto, que a veces puede resultar chocante, irá desapareciendo a lo largo de los primeros días de vida, a medida que los huesos del cráneo del bebé se vayan redondeando. La cabeza de los bebés que nacen por cesárea o de nalgas (con las nalgas o los pies primero) generalmente no presenta moldeamiento.
Debido a la separación existente entre los huesos que conforman el cráneo del bebé, usted podrá palpar (no tema, no le hará ningún daño) dos fontanelas, también conocidas como “puntos blandos o deprimidos”, en la parte superior de la cabeza del bebé. El de mayor tamaño, ubicado en la parte frontal de la cabeza, tiene forma de diamante y suele medir entre 2,5 y 7,5 cm de ancho. En la parte posterior de la cabeza los bebés tienen otra fontanela, de menor tamaño y en forma de triángulo. No se asuste si ve que la piel que recubre las fontanelas del bebé sube y baja cuando el bebé llora o se esfuerza y cuando está tranquilo e incorporado lo hace con los latidos del corazón. Es completamente normal. Las fontanelas acaban desapareciendo cuando se cierran los huesos del cráneo -generalmente entre los 12 y los 18 meses para la fontanela anterior y en torno a los 6 meses para la posterior.
Además de tener forma alargada u ovalada, la cabeza de un recién nacido puede tener una o varias protuberancias provocadas por el traumatismo del parto. Conocido como caput succedaneum o “tumor del parto”, se trata de una zona circular del cuero cabelludo hinchada y amoratada que generalmente se encuentra en la parte posterior de la cabeza, que es la que primero se abre paso por el canal del parto. Suele remitir en unos pocos días.
Un cefalohematoma es una masa de sangre que se ha filtrado bajo la membrana protectora que recubre uno de los huesos del cráneo. Generalmente está provocado por la presión que ejerce la cabeza del bebé contra los huesos pélvianos de la madre al atravesar el canal del parto. El edema se limita a un lado de la cabeza del bebé y, a diferencia del “tumor del parto”, puede tardar una o dos semanas en desaparecer. La rotura de las células sanguíneas del cefalohematoma puede determinar que el bebé presente una ictericia más pronunciada durante la primera semana de vida. Es importante recordar que tanto los “tumores del parto” como el cefalohematoma se producen cuando ha tenido lugar un traumatismo que ha afectado al exterior del cráneo, por lo que ninguno de ellos indica que se haya lesionado el cerebro del bebé.


Cara

La cara de un recién nacido puede verse un poco hinchada debido a la acumulación de fluido y al duro y dificultoso paso por el canal del parto. El aspecto del rostro del bebé suele cambiar significativamente durante los primeros días de vida a medida que el pequeño va eliminando el exceso de fluido y se va recuperando del traumatismo del parto. Por eso las fotos que le toman a su bebé una vez en casa serán muy diferentes a las que le tomaron inmediamente al nacer. En algunos casos, los rasgos faciales del recién nacido pueden estar bastante distorsionados debido a la posición que tenía en el útero materno y al aplastamiento que experimentó el rostro al recorrer el canal del parto. No debe preocuparse -las orejas arrugadas, las narices aplastadas o las mandíbulas asimétricas suelen recuperar sus formas normales con el paso del tiempo.

Ojos

Pocos minutos después del nacer la mayoría de los recién nacidos abren los ojos y empiezan a mirar a su alrededor. Los recién nacidos pueden ver, pero probablemente no enfocan bien, por lo que puede parecer que se les van o que bizquean durante los 2 o 3 primeros meses de vida. Al tener los párpados hinchados, algunos bebés no pueden abrir los ojos inmediatamente después de nacer. Cuando tome en brazos al recién nacido, podrá estimularle a abrir los ojos aprovechando su reflejo de “ojo de muñeca”, que es la tendencia de los bebés a abrir los ojos cuando alguien los sostiene en posición vertical.
A veces los padres se asustan al comprobar que el blanco de uno o ambos ojos del recién nacido está teñido de rojo. Este fenómeno, denominado hemorragia subconjuntival, ocurre cuando se filtra sangre bajo la membrana que recubre el globo ocular debido al traumatismo del parto. Se trata de algo completamente inofensivo similar a un morado, desaparece al cabo de varios días y generalmente no es indicativo de lesión ocular.
A menudo los padres sienten curiosidad por saber de qué color tendrán los ojos su bebé. Si un lactante nace con ojos marrones, seguirá teniéndolos de ese color. Esto es lo que ocurre en la mayoría de bebés de raza negra o asiática. La mayoría de los bebés de raza blanca nacen con los ojos grises azulados, pero la pigmentación del iris (la parte coloreada del ojo) se puede ir oscureciendo progresivamente, no adquiriendo su color permanente generalmente hasta que el bebé tiene entre 3 y 6 meses de edad.

Orejas

Las orejas de un recién nacido, al igual que muchas otras partes de la cara, pueden estar aplastadas, arrugadas o presentar otras “deformaciones” morfológicas debido a la posición que adoptó el bebé dentro del útero materno durante la última etapa del embarazo. Puesto que a los recién nacidos todavía no se les ha desarrollado el cartílago que confiere estabilidad a las orejas de los niños mayores, no es nada raro que los recién nacidos tengan temporalmente las orejas arrugadas o parcialmente deformadas. También son frecuentes los pequeños colgajos u depresiones en la piel del costado de la cara justo delante de las orejas. Generalmente son fáciles de extirpar. Si le preocupa, hable con el pediatra del bebé.

Nariz

Puesto que los recién nacidos suelen respirar por una nariz de pequeño tamaño y por unas vías nasales muy estrechas, pequeñas cantidades de fluido nasal o mocos pueden hacerles respirar ruidosamente o parecer congestionados aunque no estén acatarrados ni tengan ningún otro problema de salud. Pregunte al pediatra cómo debe utilizar gotas nasales de solución salina y una perita para ayudar a despejarle las vías nasales al bebé si es necesario.
Los estornudos también son habituales en los recién nacidos. Se trata de un reflejo completamente normal que no tiene por qué obedecer a una infección, alergias u otro problema de salud.

Boca

Cuando el recién nacido abre la boca al bostezar o llorar, es posible que usted se dé cuenta de que tiene unos pequeños puntos blancos en el paladar, generalmente cerca del centro. Se trata de pequeñas masas de células denominadas perlas de Epstein. Estos puntos, así como los quistes llenos de fluido que a veces están presentes en las encías de los recién nacidos, desaparecerán durante las primeras semanas de vida.

Cuello

Sí... El cuello está ahí: entre el tronco y la cabeza, aunque no lo parezca. Normalmente el cuello parece más corto en los recién nacidos porque tiende a quedar escondido entre los pliegues de piel y las rollizas mejillas.

Pecho

Puesto que la pared torácica de los bebés es muy fina, es posible que usted vea o note al tacto cómo la parte superior del tórax del bebé se mueve cada vez que le late el corazón. Esto es normal y no debería preocuparle.
Asimismo, los recién nacidos de ambos sexos pueden tener las mamas abultadas. Esto se debe a una hormona femenina denominada estrógeno que la madre trasmite al feto durante el embarazo. Tal vez pueda palpar unas masas de tejido duro, en forma de disco, debajo de los pezones del bebé, y ocasionalmente los pezones pueden secretar una pequeña cantidad de fluido con aspecto lechoso (denominado coloquialmente "leche de brujas"). Este engrosamiento mamario casi siempre desaparece durante las primeras semanas de vida. A pesar de lo que creen algunos padres, no se deben estrujar o apretar las mamas del bebé -con ello no se consigue que pierdan volumen más deprisa.


Brazos y piernas

Después del parto, los recién nacidos tienden a adoptar una postura similar a la posición fetal que adoptaron en el interior del útero durante la última etapa del embarazo: brazos y piernas flexionadas y replegados sobre el tronco. Generalmente tienen los puños apretados, y puede resultar difícil abrírselos porque el hecho de tocarles o colocarles un objeto en la palma de la mano desencadena un fuerte reflejo de prensión.
Los recién nacidos pueden tener las uñas de los dedos de las manos lo bastante largas como para arañarse cuando se llevan las manos a la cara. Si le ocurre esto a su bebé, deberá cortarle con mucho cuidado las uñitas con unas tijeras pequeñas.
A veces a los padres les preocupa el aspecto curvado de las piernas y pies de su recién nacido. Pero, si piensa en la postura que adoptaba dentro del vientre materno durante las últimas etapas del embarazo -caderas y rodillas flexionadas con piernas y pies hacia arriba replegados sobre el abdomen- no le debería extrañar que las piernas y los pies de su recién nacido tiendan a curvarse hacia adentro. De todos modos, con el paso del tiempo, las piernas se van enderezando de forma espontánea cuando el pequeño empiece a ganar peso, a andar y a crecer durante los dos o tres primeros años de vida.

Abdomen

Es normal que el abdomen de un bebé (la barriguita) sea bastante prominente y redondeado. Cuando el bebé llore o se esfuerce -por ejemplo, al defecar-, es posible que usted note que la piel que cubre la parte central del abdomen se proyecta hacia afuera entre las bandas de tejido muscular que conforman la pared abdominal en cada lado del abdomen. Esto casi siempre desaparece durante los primeros meses de vida a medida que el bebé va creciendo.
A muchos padres les preocupa el aspecto y cuidado del cordón umbilical del bebé. El cordón contiene tres vasos sanguíneos (dos arterias y una vena) rodeadas de una sustancia gelatinosa. Tras el parto, el cordón se pinza o se ata antes de cortarlo para separar al bebé de la placenta. En la mayoría de centros sanitarios, se aplica un líquido bactericida al muñón umbilical tras el parto. El muñón umbilical se desprende entre el décimo día y la tercera semana de vida. Tal vez le enseñen a curar esta parte del cuerpo del bebé periódicamente con alcohol para prevenir posibles infecciones hasta que el muñón se seque y se desprenda completamente. El muñón umbilical no debería sumergirse en agua durante el baño hasta que esto ocurra. A medida que se vaya secando, el cordón irá cambiando de color, de amarillo a marrón o negro -es algo normal. Pero usted debería consultar al pediatra si el área del ombligo se enrojece o empieza a supurar o a oler mal.
Las hernias umbilicales son frecuentes en los recién nacidos, particularmente en los de raza negra. Un orificio en la pared abdominal en el lugar del cordón umbilical o futuro ombligo permite que una parte del intestino del bebé sobresalga a través del orificio cuando éste llora o hace esfuerzos, provocando que la piel que la recubre se proyecte hacia fuera. Generalmente estas hernias son inofensivas y no dolorosas. La mayoría de ellas se cierran solas durante los primeros años de vida, pero, en el caso de que no se cierren por sí mismas, una intervención quirúrgica muy sencilla las puede corregir. Los remedios caseros que se han practicado durante años para tratar las hernias umbilicales, como atar una moneda con un cordel o dar golpecitos con una moneda sobre el área, no se deben utilizar. Estas técnicas no sirven de nada y pueden provocar infecciones cutáneas u otras lesiones.

Genitales

Los genitales (órganos sexuales) de los recién nacidos de ambos sexos pueden parecer relativamente grandes e inflamados. ¿Por qué? Por varios motivos, incluyendo la exposición a las hormonas producidas por la madre y por el feto, las magulladuras e inflamaciones provocadas por el traumatismo del parto y el curso natural de desarrollo de estos órganos.
En las niñas los labios mayores, esto es, la parte más exterior de la vulva pueden verse hinchados. La piel de los labios puede estar lisa o bien algo arrugada. A veces, sobresale una pequeña porción de tejido rosa entre los labios -se trata del colgajo himenal, que no tiene ninguna importancia y que se acaba retrayendo y pasando a formar parte de los labios cuando crecen los genitales.
Debido al efecto de las hormonas maternas, la mayoría de recién nacidas tienen flujo vaginal. Éste está compuesto por una secreción pegajosa que a veces contiene algo de sangre y que dura varios días. Este “miniperíodo” es una secreción uterina tipo menstrual completamente normal que tiene lugar cuando los estrógenos que la madre transmitió a su hija durante el embarazo empiezan a desaparecer. A pesar de que se trata de algo mucho más frecuente en los bebés de sexo masculino, la hinchazon de la ingle en una recién nacida puede indicar la presencia de una hernia inguinal.
En los niños, el escroto (la bolsa que contiene los testículos) a menudo parece estar hinchado. Generalmente esto se debe a un hidrocele, una acumulación bastante habitual de líquido en el escroto que suele desaparecer entre el tercer y el sexto mes de vida. Si usted detecta una hinchazon o protuberancia en la zona escrotal o inguinal del bebé que persiste más allá de los tres a seis meses o que parece variar de tamaño, debería consultar al pediatra. Eso podría indicar la presencia de una hernia inguinal, que suele requerir tratamiento quirúrgico. Los testículos de los recién nacidos pueden ser difíciles de palpar dentro de un escroto inflamado. Los músculos unidos a los testículos tiran de ellos y hacen que se retraigan bruscamente hasta la región inguinal cuando alguien toca el área genital del bebé o cuando sus genitales se exponen al frío. Los bebés de sexo masculino es normal que experimenten frecuentes erecciones, a menudo justo antes de orinar.
Más del 95% de los recién nacidos orinan durante las primeras 24 horas de vida. Si su bebé nace en un hospital, el personal de la sala de neonatos querrá saber si el bebé ha orinado mientras estaba con usted. Si un recién nacido parece no haber orinado todavía, es posible que haya orinado apenas al nacer cuando todavía estaba en la sala de partos. Con tanto ajetreo, es posible que su primera micción pasara desapercibida.
Si a su hijo le practican la circuncisión, es decir, le extirpan el prepucio, probablemente éste tardará entre 7 y 10 días en curársele. Hasta que lo haga, es posible que el glande (la punta del pene) esté en carne viva o amarillento. A pesar de que esto es normal, otros síntomas no lo son. Llame inmediatamente al pediatra si el bebé sangra de forma persistente, si detecta un enrojecimiento alrededor de la punta del pene que empeora tras 3 días, fiebre, signos de infección (como presencia de ampollas llenas de pus), o si el bebé no orina con normalidad durante las primeras 6 a 8 horas posteriores a la intervención.
Para cuidar el pene de su hijo, esté o no circuncidado, no necesitará utilizar algodoncitos, desinfectantes de uso tópico ni ningún producto especial para el baño -bastará con que utilice jabón y agua tibia cada vez que lo bañe.
Tampoco es preciso adoptar ninguna precaución especial con los bebés recién circuncidados, aparte de proceder con delicadeza, puesto que el pequeño puede tener algunas molestias tras la intervención. Si al bebé le han vendado la incisión, es posible que usted le tenga que cambiar el vendaje cada vez que le cambie los pañales durante uno o dos días después de la intervención (póngale vaselina para que la venda no se le pegue a la piel). Los pediatras también recomiendan aplicar una pequeña cantidad de vaselina sobre el pene o en la parte delantera del pañal para aliviar cualquier posible molestia provocada por el roce de la parte operada con el pañal. La forma de cuidar el pene del bebé también dependerá del tipo de circuncisión que le hayan practicado. Asegúrese de preguntarle al pediatra qué tipo de cuidados necesitará.
Si no ha circuncidado a su bebé, asegúrese de no retraerle el prepucio brusca o enérgicamente para limpiarle debajo. En lugar de ello, ténselo suavemente contra el glande y limpie cualquier esmegma (secreción blanquecina compuesta por células de piel muerta mezcladas con la grasa natural del cuerpo). Con el tiempo, el prepucio se retraerá por sí mismo y podrá separarse del glande sin problemas. Esto ocurre a diferentes edades en diferentes niños, pero a la mayoría de los niños se les puede retraer el prepucio sin problemas cuando tienen unos 5 años.


Piel

Los bebés llegan al mundo empapados de varios fluidos, incluyendo el líquido amniótico y a menudo la sangre (procedente de la madre, no del bebé). El personal hospitalario procederá casi inmediatamente a secar al bebé a fin de evitar cualquier descenso brusco de su temperatura corporal que se produciría si la humedad de la piel se evaporara rápidamente. Los recién nacidos también nacen cubiertos de un material blanquecino denso, pastoso y pegajoso denominado vernix caseosa (compuesto por secreciones de las glándulas sebáceas y células epiteliales descamadas del mismo feto), la mayor parte del cual se elimina la primera vez que se baña al bebé.
El color y las manchas que tienen los recién nacidos en la piel pueden alarmar a algunos padres. El aspecto moteado o jaspeado de la piel, un patrón irregular de pequeñas áreas rojizas y pálidas, es habitual debido a la normal inestabilidad de la circulación sanguínea en la superficie dérmica de los recién nacidos. Por razones similares, los recién nacidos también pueden presentar acrocianosis, una tonalidad azulada en la piel de manos, pies y el área que rodea los labios, sobre todo si se encuentran en un ambiente fresco.
Cuando se esfuerce para llorar o para hacer de vientre, es posible que la piel del recién nacido adquiera temporalmente una coloración entre morada y azulada o entre roja y granate. En el rostro y otras partes del cuerpo del recién nacido son habituales las marcas rojas, los rasguños, los moretones y la petequia (pequeñas motas rojas provocadas por hemorragias intradérmicas o subcutáneas). Todos ellos están provocados por el traumatismo asociado al hecho de tener que atravesar el estrecho canal del parto o por la presión que ejercen los fórceps que a veces se tienen que utilizar durante el parto. Todos ellos se curan y desparecen durante la primera o dos primeras semanas de vida.
Es posible que la cara, los hombros y la espalda del recién nacido estén cubiertos por un vello fino y suave, denominado lanugo. La mayor parte del lanugo se pierde dentro del útero materno antes de que la madre dé a luz; por este motivo, el lanugo se ve más habitualmente en bebés prematuros. En cualquier caso, este pelo se pierde en pocas semanas.
La capa superior de la piel del recién nacido se irá descamando durante la primera semana o dos primeras semanas de vida. Se trata de algo normal y que no requiere ningún tratamiento especial. Algunos bebés ya vienen al mundo con la piel descamada, sobre todo aquellos que nacen después de la fecha de salida de cuentas.


Marcas de nacimiento

A pasar del nombre, no todos los bebé vienen al mundo con marcas de nacimiento. No obstante, las áreas de color rosa o rojo, conocidas como parches salmón o hemangioma plano, son habituales y suelen desaparecer durante el primer año. Aunque se observan más frecuentemente en la parte posterior del cuello, o en el puente de la nariz, los párpados o la frente (de ahí que reciban los graciosos nombres de”picotazo de cigüeña” o “beso de ángel”), se pueden encontrar en cualquier lugar del cuerpo, sobre todo en los bebés de piel clara.
Las manchas sacras o mongólicas están presentes en más de la mitad de los recién nacidos de raza negra, indígenas americanos y asiáticos, y menos frecuentemente en los bebés de raza blanca. Se trata de áreas planas de color azul pizarra o azul verdoso que parecen manchas de tinta y que se pueden encontrar en la espalada, las nalgas u otras partes del cuerpo. No tienen ninguna importancia y casi siempre van perdiendo intensidad hasta desaparecer durante los primeros años de vida.
Los hemangiomas capilares o en fresa son marcas de nacimiento de color rojo, prominentes y de textura rugosa, provocadas por conjuntos de capilares dilatados. Estas marcas pueden ser de color claro al nacer pero típicamente se vuelven rojas y aumentan de tamaño durante los primeros meses de vida. Luego suelen disminuir de tamaño y desaparecer sin tratamiento durante los primeros seis años.
Las marchas tipo vino de oporto, que son de gran tamaño, planas y de color morado rojizo, no desaparecen por sí solas. A medida que el niño va creciendo, los problemas estéticos (percibidos por los padres o por el mismo niño) pueden requerir la atención de un dermatólogo.
Las manchas tipo café con leche, así denominadas por su color marrón claro, están presentes en la piel de algunos bebés. Su color se puede intensificar (o pueden aparecer por primera vez) conforme el niño va creciendo. No suelen tener ninguna importancia a menos que sean grandes o de que el bebé presente seis o más en el cuerpo, lo que podría indicar la presencia de ciertos trastornos médicos.
Los frecuentes lunares marrones o negros, denominados nevo pigmentado, también pueden estar presentes desde el nacimiento o bien aparecer o intensificarse su color conforme va creciendo el niño. Los lunares de gran tamaño o de aspecto extraño deben ser examinados por un dermatólogo porque algunos se deben extirpar.
Hay diversas erupciones inofensivas y problemas dérmicos sin importancia que pueden estar presentes desde el nacimiento o bien aparecer durante las primeras semanas. El acné miliar, también denominado “milio”, consiste en pequeños granitos, planos y amarillos o blancos que salpican la nariz y barbilla. Está provocado por la acumulación de secreciones de las glándulas sebáceas de la piel y desaparece durante las primeras semanas de vida.
La miliaria -una erupción de pequeñas vesículas rojas y prominentes que suelen tener la “cabeza” blanca o amarilla- se denomina a veces acné del lactante por su aspecto. A pesar de que a menudo afecta a la cara y puede abarcar áreas extensas del cuerpo, se trata de un trastorno cutáneo inofensivo que remite en pocas semanas con los cuidados normales de la piel.
A pesar de lo imponente de su nombre médico, el eritema tóxico también es una erupción inofensiva que presentan algunos recién nacidos. Consiste en manchas rojas con vesículas de color claro o amarillento en el centro, similares a las ampollas. Esta erupción suele salir durante el primer día o par de días de vida y desaparece en una semana.
La melanosis pustulosa, una erupción presente desde el nacimiento, sobre todo en bebés de raza negra, se caracteriza por bultitos o vesículas de color marrón oscuro que salpican el cuello, la espalda, los brazos, las piernas y las palmas de las manos. Generalmente desaparece sin tratamiento. Asimismo, no es nada raro ver a recién nacidos con ampollas por succión en dedos, manos o brazos, ya que el feto puede empezar a chuparse estas partes del cuerpo cuando todavía está en el útero materno.


La ictericia neonatal

La ictericia neonatal, es decir, la coloración amarillenta de la piel y la esclerótica (el blanco de los ojos), es un trastorno habitual que normalmente no aparece hasta el segundo o tercer día de vida y desaparece en 1 a 2 semanas. La ictericia está provocada por la acumulación de bilirrubina (un producto de deshecho producido por la descomposición normal de los glóbulos rojos) en la sangre, la piel y otros tejidos, debido a la incapacidad temporal del hígado inmaduro del recién nacido para eliminar eficazmente esta sustancia del cuerpo. Aunque cierto grado de ictericia es normal y esperable, si un recién nacido presenta este problema antes de lo esperable o su nivel de bilirrubina es más alto de lo normal, entonces el pediatra deberá proporcionarle seguimiento atento.

Familiarizarse con el recién nacido

Los primeros días y semanas de la vida de un recién nacido son una etapa de asombro y regocijo para la mayoría de los padres. De todos modos, el hecho de ser responsable de una criatura aparentemente tan frágil y vulnerable puede imponer mucho, sobre todo cuando no se está familiarizado con el aspecto y el comportamiento de los recién nacidos. Si usted está preocupado o inseguro sobre cualquier aspecto del cuidado de su bebé, no dude en llamar al pediatra, a otro profesional de la salud o algún familiar o amigo que tengan experiencia en el cuidado de recién nacidos.

Actualizado y revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de la revisión: abril de 2014

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lunes, 6 de abril de 2015

GUÍA PARA PADRES PRIMIERIZOS

Ha sobrevivido a los nueve meses de embarazo. Ha superado los nervios del parto y del nacimiento de su primer bebé, y ahora está lista para volver a casa e iniciar su nueva vida con el recién nacido. Pero, una vez en casa, le invade la incertidumbre y, dominada por los nervios, ¡se da cuenta de que no tiene ni idea de lo que tiene que hacer!
Repasar las siguientes recomendaciones puede ayudar a los padres primerizos a sentirse seguros sobre el tipo de cuidados que requiere un recién nacido en un abrir y cerrar de ojos.

Pedir ayuda después del parto

Considere la posibilidad de pedir a amigos y familiares que le echen una mano durante las primeras semanas de vida del bebé, que pueden ser bastante caóticas y agobiantes. Mientras esté en el hospital, saque partido de la experiencia de las personas que tenga a su alrededor. Muchos hospitales disponen de especialistas en alimentación y lactancia neonatal que pueden ayudarle a empezar a amamantar o darle el biberón al bebé. Las enfermeras también son una excelente fuente de información; pueden mostrarle cómo sostener, trasportar, hacer eructar, cambiar los pañales y cuidar al bebé.
Una vez en casa, tal vez le interese contratar a una niñera que tenga experiencia en bebés o bien a alguna joven responsable de su vecindario que se ofrezca a hacer de canguro, para que le ayude durante esta etapa. Su médico o el hospital donde haya dado a luz pueden ser bunas fuentes de información para contactar con profesionales que ayudan a cuidar de recién nacidos en casa, hasta es posible que le faciliten alguna referencia sobre servicios sanitarios domésticos. Sus familiares y amigos también pueden ser de gran ayuda. Probablemente estarán deseosos de ayudarla y, aunque usted puede discrepar de ellos en ciertas cosas, no subestime su experiencia. De todos modos, si no se siente con ganas o con fuerzas para recibir visitas o tiene otras preocupaciones, no se culpabilice por establecer algunas limitaciones en el tema de las visitas.

Manipular al recién nacido

Si usted no se ha relacionado mucho con recién nacidos, es posible que le intimide su fragilidad. He aquí algunas normas básicas a tener en cuenta:
  • Lávese las manos (o utilice un antiséptico para manos) antes de manipular al recién nacido. Los recién nacidos todavía no han desarrollado un sistema inmunitario resistente, de modo que son muy vulnerables a las infecciones. Asegúrese también de que todo el mundo que manipula al bebé se ha lavado antes las manos.
  • Tenga cuidado en sostener la cabeza y el cuello del bebé. Cuando coja al bebé en brazos, asegúrese de sujetarle bien la cabeza y el cuello, y haga lo mismo cuando lo transporte en posición erguida y cuando lo deje sobre una superficie horizontal.
  • Tenga cuidado en no zarandear nunca al recién nacido, sea jugando o en un momento de frustración. Zarandear enérgicamente a un bebé puede provocarle una hemorragia cerebral e incluso la muerte. Si necesita despertar al bebé, no lo sacuda, en lugar de ello, hágale cosquillas en los pies o sóplele en una mejilla con suavidad.
  • Asegúrese de que el bebé está bien sujeto cuando lo lleve en el porta-bebés, el cochecito o la silla de seguridad para el coche. Limite cualquier actividad que sea demasiado brusca o que haga saltar al bebé.
  • Recuerde que el recién nacido todavía no está preparado para jugar "a lo bruto", como hacerle el "arre arre caballito" o lanzarlo por los aires.

    Técnicas que favorecen la formación del vínculo con el bebé y que lo tranquilizan

    La formación del vínculo, probablemente uno de los aspectos más placenteros del cuidado de un bebé, ocurre durante el período sensible comprendido por las primeras horas y los primeros días posteriores al nacimiento, durante el cual los padres establecen una profunda conexión con el pequeño. El contacto físico entre los padres y el bebé favorece esa conexión emocional.
    En los bebés, el apego favorece el desarrollo emocional y este, a su vez, repercute sobre el desarrollo en otros ámbitos, como el crecimiento físico. Otra forma de concebir la formación del vínculo es como una especie de "enamoramiento" de los padres para con el bebé. Los niños que tienen un padre u otro adulto que los quiere de forma incondicional tienen muchas probabilidades de desarrollarse plenamente.
    Empiece a establecer ese vínculo con su bebé colocándoselo en el regazo y acariciándolo suavemente de distintas formas. Tanto usted como su pareja pueden aprovechar la oportunidad para establecer contacto "piel a piel" con el recién nacido mientras lo acunan o lo alimentan.
    Los bebés, sobre todo los prematuros y los que tienen problemas médicos, pueden responder positivamente al masaje infantil y, especialmente, al masaje para bebés. Determinados tipos de masajes pueden contribuir a la formación del vínculo entre padres e hijos, al tiempo que favorecen el crecimiento y desarrollo del bebé. Hay muchos libros y videos que tratan sobre el masaje infantil y el masaje para bebés (pida al pediatra de su hijo que le recomiende algunos). De todos modos, tenga cuidado: los bebés no son tan resistentes como los adultos, de modo que deberá proceder con mucha suavidad y delicadeza.
    Por lo general, a los bebés les encanta escuchar sonidos vocales, como que les hablen, balbuceen, canten o arrullen. Probablemente a su bebé también le gustará escuchar música. Los sonajeros y los móviles musicales son otra forma de estimular la audición de los lactantes. Si su bebé parece nervioso o inquieto, pruebe a cantarle nanas y canciones infantiles, a recitarle poemas o a leer en voz alta mientras lo mece suavemente en brazos o en una mecedora.
    Algunos bebés son excepcionalmente sensibles al tacto, la luz o los sonidos, y pueden sobresaltarse y llorar con facilidad, dormir menos de lo habitual y/o girar la cara hacia otro lado cuando les hablan o les cantan. Por eso conviene controlar los niveles de ruido y de luz.
    Fajar al bebe, es decir, envolver el cuerpo del bebé en una sábana o mantita, es una técnica que da buenos resultados con algunos bebés durante las primeras semanas de vida. Al permitir tranquilizar al recién nacido, es una técnica que todo padre primerizo debería aprender. Al hacer un fajado, los brazos del bebé quedan pegados al tronco y las piernas bien sujetas. Así, no solo se consigue que el pequeño esté bien calentito, sino que además la presión que ejerce la mantita sobre su cuerpo parece ayudar a la mayoría de recién nacidos a sentirse seguros y cómodos. El fajado también ayuda a limitar el reflejo de Moro (o de sobresalto), que a menudo despierta a los bebés.

  • He aquí cómo se hace un arrullo:
  • Extienda la mantita y doble hacia adentro una pequeña porción de una esquina.
  • Acueste al bebé boca arriba sobre la mantita, de modo que la cabeza quede más arriba del pliegue.
  • Envuelva el cuerpo del bebé con la esquina izquierda de la mantita y asegure el extremo de la mantita bajo la espalda del pequeño, pasándosela por la axila derecha.
  • Pliegue la esquina inferior de la mantita hacia arriba sobre los pies del bebé, doblando parte del tejido hacia abajo en el caso de que se acerque a la cara del bebé.
  • Pliegue la esquina derecha de la mantita sobre el cuerpo del bebé y asegure el extremo de la misma bajo la espalda del pequeño, dejándole solamente la cabeza y el cuello al descubierto.

    Pañales: lo que debe y no debe hacer 

    Probablemente, antes de llevar al bebé a casa, usted ya habrá decidido si va a usar pañales desechables o de tela. Independientemente del tipo de pañales que utilice, tendrá que cambiárselos al bebé aproximadamente 10 veces al día, o 70 veces a la semana.
    Antes de cambiar el pañal al bebé, asegúrese de que tiene a mano todo lo que necesita para no tener que dejar al pequeño solo en el cambiador. Necesitará:
  • un pañal limpio
  • imperdibles de seguridad (si usa pañales de tela)
  • pomada o crema especial para sus partes íntimas, si el bebé tiene dermatitis del pañal
  • una jofaina con agua tibia
  • una toallita o manopla limpia, paños desechables o bolitas de algodón
Después de cada deposición o si el bebé ha mojado el pañal, acuéstelo boca arriba y quítele el pañal sucio. Use el agua, las bolitas de algodón y la toallita o bien los paños desechables para limpiar con suavidad la zona genital y anal del bebé. Si se trata de un niño, tenga cuidado al quitarle el pañal, pues el contacto con el aire podría hacerle orinar. Si se trata de una niña, límpiele las partes íntimas de delante hacia atrás para evitar posibles infecciones del aparato urinario. Para prevenir o tratar la dermatitis del pañal, aplíquele pomada o crema en el área afectada. No se olvide nunca de lavarse las manos después de cada cambio de pañales.
La dermatitis del pañal es bastante habitual. Generalmente se trata de una erupción de granitos rojos que suele desaparecer al cabo de pocos días con baños calientes, un poco de pomada o crema y dejando al bebé sin pañales durante cierto tiempo. La mayoría de estas erupciones ocurren porque la piel del bebé es muy sensible y se irrita al entrar en contacto con el pañal húmedo o manchado de heces.
Para prevenir o curar la dermatitis del pañal, siga estos consejos:
  • Cambie los pañales al bebé con frecuencia y lo antes posible después de las deposiciones.
  • Después de limpiar el área afectada con agua y jabón suave o con un paño desechable, aplíquele una crema o pomada "de barrera". Las que contienen óxido de zinc son preferibles porque forman una barrera contra la humedad.
  • Si usa pañales de tela, lávelos con un detergente que no contenga colorantes ni perfume.
  • Deje al bebé sin pañales durante parte del día para que se le airee la piel.
Si la dermatitis del pañal persiste durante más de tres días, llame al pediatra; podría estar provocada por una infección fúngica que debe tratarse con un medicamento específico.

El aseo: aspectos fundamentales

Debería asear al bebé utilizando una esponja pero sin bañarlo hasta que:
  • se le caiga el cordón umbilical y tenga el ombligo completamente curado(1 a 4 semanas)
  • se le cure el prepucio, en el caso de que sea varón y se lo hayan extirpado quirúrgicamente (1 a 2 semanas)
Durante el primer año, basta con bañar al bebé dos o tres veces a la semana. Si lo baña más a menudo, se le podría resecar la piel.
Antes de bañar al bebé, compruebe que tiene a mano lo siguiente:
  • una manopla o toallita suave y limpia
  • jabón y champú para bebés que sean suaves y no perfumados
  • un cepillo suave para estimular el cuero cabelludo del bebé
  • toallas o mantitas
  • una bañerita para bebés llena de agua tibia -¡no caliente! (compruebe la temperatura del agua con la cara interna del codo o la muñeca). Una bañerita para bebés es una bañera pequeña de plástico que se puede colocar dentro de las bañeras ordinarias y que, al adaptarse mejor al cuerpo del bebé, facilita el baño.
  • un pañal limpio
  • ropa limpia
Aseo con esponja. Para asear al bebé cuando todavía no pueda bañarlo, escoja una habitación caldeada y una superficie plana, como el cambiador, el suelo o el poyo de la cocina. Desnude el bebé. Empiece limpiándole los ojos con una toallita humedecida solo en agua; comience por un ojo y avance desde la comisura interior hacia el exterior. Utilice una esquina limpia de la toallita para limpiarle el otro ojo. Luego límpiele la nariz y las orejas. Seguidamente, aclare la toallita y vuélvala a mojar, está vez en agua con un poco de jabón; lávele la cara con suavidad y después acláresela y séquesela a toquecitos.
A continuación, haga un poco de espuma vertiendo champú especial para bebés en la jofaina, enjabónele suavemente la cabeza y luego acláresela. Utilizando una toallita mojada y jabón, lávele el resto del cuerpo con delicadeza, prestando especial atención a los pliegues que se forman en las axilas, detrás de las orejas, el cuello y la zona genital. Después de asearlo, asegúrese de secarlo bien antes de ponerle un pañal limpio y vestirlo.
Baño en la bañerita. Cuando el bebé esté preparado para bañarse, los primeros baños deberían ser suaves y breves. Si el bebé parece muy alterado o nervioso, vuelva a asearlo con una esponja fuera de la bañerita durante una o dos semanas antes de intentar bañarlo de nuevo.
Tras caldear la habitación, desnude al bebé y luego introdúzcalo en el agua inmediatamente para que no se enfríe. Asegúrese de que no hay más de 7 centímetros (entre 2 y 3 pulgadas) de agua en la bañerita y que el grifo no está abierto. Sujétele la cabeza con una mano e introdúzcalo en la bañerita con la otra, empezando por los pies. Háblele suavemente mientras le va bajando lentamente el resto del cuerpo hasta que le cubra hasta el pecho.
Utilice una manopla o toallita para lavarle la cara y el pelo. Con las yemas de los dedos o un cepillito suave para el pelo especial para bebés, masajéele el cuero cabelludo, incluyendo el área que recubre las fontanelas en la parte superior de la cabeza. Cuando le aclare el jabón o champú, ahueque la mano sobre la frente del bebé para evitar que le entre jabón en los ojos. Lávele el resto del cuerpo con agua y un poco de jabón, procediendo siempre con delicadeza.
Durante el baño, vaya vertiendo agua sobre el cuerpo del bebé para que no se enfríe. Después del baño, envuélvalo inmediatamente en una toalla o albornoz, asegurándose de cubrirle la cabeza. Las toallitas o albornoces especiales para bebés, provistos de capucha, van muy bien para mantener calentito al bebé después del baño.
No deje nunca a un bebé solo en la bañerita. Si necesita salir del lavabo, envuelva al pequeño en una toalla y lléveselo con usted.

El cuidado del prepucio y del cordón umbilical

Inmediatamente después de la extirpación del prepucio, generalmente el glande (la punta del pene) del bebé se cubre con una gasa impregnada de vaselina para evitar que el pañal se adhiera a la herida. Cuando cambie el pañal al bebé, límpiele suavemente el glande con agua tibia y luego aplíquele vaselina. El enrojecimiento o irritación del pene debería remitir al cabo de pocos días, pero si el enrojecimiento o la inflamación aumentan y/o se forman vesículas llenas de pus en el pene, podría haberse infectado la herida y usted debería llamar inmediatamente al pediatra.
El cuidado del cordón umbilical del recién nacido también es importante. Algunos pediatras recomiendan desinfectar el área con alcohol en cada cambio de pañales hasta que el cordón umbilical se seque y se desprenda, generalmente al cabo de entre 10 días y tres semanas, pero otros recomiendan no tocar el ombligo del recién nacido y dejar que se cure solo. Hable con el pediatra de su hijo para que le aconseje al respecto.
El área del ombligo no se debería sumergir en agua hasta que se desprenda el cordón umbilical y el ombligo esté completamente curado. Antes de desprenderse, el cordón umbilical cambiará de color, de amarillo a marrón o negro. Es algo normal. Consulte al pediatra si el área umbilical se enrojece, empieza a oler mal y/o supura.

Alimentar y hacer eructar al bebé

Independientemente de que decida darle el pecho o el biberón al bebé, probablemente le sorprenderá lo a menudo que necesita alimentarse un recién nacido. Por lo general, se recomienda alimentar a los bebés cuando parezca que tienen hambre, lo que se conoce como "alimentación a demanda". Su bebé le indicará que tiene hambre llorando, llevándose los dedos a la boca o emitiendo los sonidos que se producen al succionar.
Un recién nacido necesita alimentarse cada 2 o 3 horas. Si usted ha optado por la lactancia materna, deje que el bebé mame de cada pecho durante unos 10 a 15 minutos. Si ha optado por la lactancia artificial, lo más probable es que su bebé ingiera entre 60 y 90 mililitros (de 2 a 3 onzas) de leche infantil en cada toma.
A algunos recién nacidos es necesario despertarlos cada pocas horas para tener la seguridad de que comen lo suficiente. Llame al pediatra si necesita despertar a su bebé a menudo o si este no parece mostrar ningún interés por el pecho o por el biberón.
Si ha optado por el biberón, le resultará más fácil saber si su bebé está comiendo lo suficiente pero, si le da el pecho, la cosa puede ser más complicada. No obstante, si el bebé parece satisfecho, moja aproximadamente seis pañales y defeca varias veces cada día, duerme bien y está ganando peso con normalidad, lo más probable es que esté comiendo lo suficiente.
Otra forma adecuada de saber si su hijo toma suficiente leche es notar los pechos llenos antes de las tomas y bastante menos llenos al finalizarlas. Hable con el pediatra si tiene alguna duda sobre la pauta de crecimiento o de alimentación de su bebé.
Los bebés a menudo tragan aire durante las tomas, lo que puede provocarles malestar e inquietud. Puede evitarlo haciendo eructar al bebé frecuentemente. Si le da el biberón, ayúdele a eructar cada vez que tome entre 60 y 90 mililitros (de 2 a 3 onzas) de leche o, si lo amamanta, cada vez que cambie de pecho.
Si su bebé tiende a tener gases, padece reflujo gastroesofágico o parece inquieto durante las tomas, pruebe a hacerle eructar cada 30 mililitros (o cada onza) en caso de que le dé el biberón, o cada cinco minutos si le da el pecho.
Para hacer eructar al bebé puede seguir cualquiera de los siguientes procedimientos:
  • Coloque al bebé en posición erguida con la cabeza sobre su hombro. Sujétele la cabeza y la espalda con una mano mientras le da palmaditas suaves en la espalda con la otra mano.
  • Siéntese al bebé en el regazo. Sujétele el pecho y la cabeza ahuecando la palma de una mano sobre su barbilla y apoyando la muñeca sobre el pecho del bebé (tenga en cuenta que debe rodear con la mano la barbilla del bebé, nunca la garganta). Utilice la otra mano para darle suaves palmaditas en la espalda.
  • Acueste al bebé boca abajo sobre su regazo. Sujétele la cabeza, asegurándose de que está más alta que el pecho, y déle palmaditas o frótele suavemente la espalda.
Si el bebé no eructa al cabo de pocos minutos, cámbielo de postura y trate de hacerle eructar durante unos minutos más antes de reanudar la toma. Ayude a eructar al bebé después de cada toma y manténgalo en posición erguida durante por lo menos 10 a 15 minutos para evitar que regurgite leche.

El sueño: aspectos fundamentales

En calidad de padre primerizo, es posible que le sorprenda oír que su bebé, que parece necesitarle todos y cada uno de los minutos del día, de hecho, ¡se pasa aproximadamente 16 horas o más durmiendo al día! Por lo general, los recién nacidos duermen durante períodos de 2 a 4 horas. No espere que su recién nacido duerma toda la noche de un tirón; su sistema digestivo es tan pequeño que debe alimentarse frecuentemente y es posible que necesite que lo despierten si lleva cuatro horas sin comer (o más a menudo si al pediatra le preocupa la ganancia de peso del pequeño).
¿A partir de cuándo puede esperar que su bebé duerma toda la noche de un tirón? Muchos bebés duermen durante toda la noche (entre 6 y 8 horas seguidas) a los 3 meses de edad, pero si el suyo no lo hace, no se preocupe. Al igual que los adultos, los bebés deben desarrollar sus propios patrones y ciclos de sueño, o sea que, si su bebé está ganando peso con normalidad y parece sano, no se desespere porque a los tres meses todavía no duerme toda la noche de un tirón.
Es importante que acueste al bebé boca arriba para dormir a fin de reducir el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Asimismo, retire cualquier objeto blando y/o almohadillado de la cuna del bebé, incluyendo colchas, edredones, peluches, cojines y almohadas para que no pueda engancharse ni asfixiarse con ellos. Al acostar al bebé por la noche, asegúrese de alternar la posición de su cabeza, apoyándola sobre el lado derecho y después sobre el izquierdo en noches consecutivas para que no se le aplane un lado de la cabeza.
Muchos recién nacidos tienen los días y las noches intercambiados. Tienden a estar más despiertos y alerta por la noche y más amodorrados durante el día. Una forma de ayudarles es mantener el nivel de estimulación al mínimo durante la noche. Apague las luces o utilice una iluminación muy suave, como las que proporcionan las lamparitas de noche. Reserve los juegos y las conversaciones con el bebé para las horas del día. Cuando el bebé se despierte por el día, intente mantenerlo despierto durante más tiempo hablándole y jugando con él.
Aunque es posible que ahora le imponga bastante manipular a su recién nacido, dentro de pocas semanas usted habrá establecido su propia rutina ¡y se habrá convertido en todo un experto en el cuidado de bebés! Si tiene preguntas o hay algo que le preocupa, consulte al pediatra de su hijo y pídale que le recomiende centros de su localidad donde podrán asesorarle y ayudarles a usted y a su bebé a crecer juntos.
Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD
Fecha de revisión: enero de 2014
Revisado inicialmente por: Heidi M. Sallee, MD

Enlace a la web original:  http://kidshealth.org/parent/en_espanol/embarazo/guide_parents_esp.html#


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viernes, 27 de marzo de 2015

EL SINDROME DE MUERTE SÚBITA EN LACTACTES

Reducir el riesgo

La falta de respuestas a las dudas que se plantean es una de las razones por las que el síndrome de la muerte súbita en lactantes (Sudden Infant Death Syndrom, SIDS) provoca tanto temor. El síndrome de la muerte súbita en lactantes (SMSL) es la causa principal de muerte en los bebés de entre un mes y un año, y cada año se cobra las vidas de aproximadamente 2.500 niños(as) en Estados Unidos. A pesar de los años invertidos en la investigación de esta enfermedad, sigue siendo imprevisible.
Sin embargo, es posible reducir notablemente el riesgo de SMSL. Para empezar, si su hijo(a) es menor de un año, lo más importante es lo que acueste a sobre la espalda, nunca boca abajo.

Buscar respuestas

Tal y como su nombre indica, el SMSL se trata de la muerte súbita que ocurre de manera inexplicable en infantes menores de un año de edad. Es una enfermedad que da miedo porque puede presentarse sin previo aviso, generalmente en bebés aparentemente sanos. La mayoría de los casos de SMSL se producen mientras los niños duermen (por ello, se conoce también como "muerte en la cuna"). Los niños que mueren a causa de SMSL no demuestran signos de haber sufrido.
Mientras que la mayoría de las enfermedades generalmente se diagnostican por la presencia de síntomas específicos, la mayoría de los diagnósticos de SMSL ocurren después de que otras posibles causas de muerte se hayan descartado al revisar la historia médica del infante, durmiendo ambiente, y la autopsia. Esta revisión puede ayudar a distinguir un verdadero caso de muerte por SIDS de otras muertes que pueden deberse a accidentes, malos tratos y otras afecciones no diagnosticadas, como trastornos cardiacos o del metabolismo.
Para determinar cuáles son los bebés que presentan mayor riesgo, se debe tener en cuenta que no existe un factor de riesgo significativo que por sí solo sea suficiente para causar SMSL. Por el contrario, existen ciertos factores de riesgo que cuando se dan a la vez pueden contribuir a que un infante en situación de riesgo muera por SMSL.
La mayoría de las muertes por SMSL ocurren entre los 2 y los 4 meses de edad, y esta frecuencia aumenta cuando las temperaturas son más frías. En los lactantes afroamericanos, la probabilidad de morir por SMSL es del doble en comparación con los bebés blancos, y en los nativos norteamericanos, del triple. Los niños tienen mayor probabilidad de morir por SIDS que las niñas.
Otros riesgos potenciales incluyen:
  • fumar, beber o consumir drogas durante el embarazo
  • atención médica prenatal deficiente
  • bebés prematuros o con bajo peso al nacer
  • madres menores de 20 años
  • bebés expuestos al humo del tabaco después de su nacimiento
  • exceso de calor por demasiada vestimenta o ropa de cama a la hora de dormir
  • dormir boca abajo

Dormir sobre la barriga

Entre los factores de riesgo anteriormente mencionados, dormir sobre la barriga es el primero. Numerosos estudios demuestran una mayor incidencia de SMSL entre los lactantes que duermen boca abajo en comparación con los que duermen boca arriba. Algunas investigaciones han formulado la hipótesis de que dormir boca abajo crea presión sobre la mandíbula del bebé, lo que hace que se estrechen las vías respiratorias y se haga más difícil respirar.
Según otra teoría, dormir boca abajo puede incrementar el riesgo de que el infante "vuelva a respirar" el aire de su propia exhalación, particularmente si duerme sobre un colchón blando o con ropa de cama, muñecos de peluche o una almohada cerca de su cara. Cuando esto ocurre, la superficie blanda crea una especie de cavidad alrededor de la boca del bebé donde queda retenido el aire exhalado. A medida que el bebé respira su propio aire exhalado, el nivel de oxígeno en su cuerpo disminuye y el dióxido de carbono se acumula. Finalmente, la falta de oxigeno contribuye a la muerte por SMSL.
Además, los lactantes que mueren por SMSL pueden tener una anomalía en el núcleo arcuato (hipotálamo mediobasal), una parte del cerebro que ayuda a controlar la respiración y el despertar durante el sueño. Si un bebé respira aire que no es fresco y no obtiene suficiente oxígeno, el cerebro generalmente desencadena la necesidad de despertarse y llorar del bebé. Este movimiento cambia los patrones de respiración y los latidos del corazón, para compensar la falta de oxígeno. Pero si el bebé tiene un problema en el núcleo arcuato, esta reacción involuntaria puede no producirse y, por tanto, el riesgo de morir a causa de SMSL será mayor.

Volver a "quedarse dormido"

La notable cantidad de pruebas que indican que dormir boca abajo puede contribuir al SMSL ha motivado a la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) a recomendar en 1992 que todos los lactantes sanos menores de un año de edad duerman sobre la espalda (lo que también se conoce como posición supina).
Desde que se dio a conocer esta recomendación de la AAP, la tasa de muerte por SMSL ha descendido más de un 50 por ciento. De todas maneras, el SMSL aún continúa siendo la causa principal de muerte en los lactantes de menor edad. Por ello, es importante recordar a los padres constantemente la necesidad de que sus bebés duerman boca arriba.
A muchos padres les preocupa que al acostar a sus bebés sobre la espalda estos puedan ahogarse con su propia saliva o vomito. Sin embargo, la AAP informa que no hay un incremento en el riesgo de ahogo en niños sanos que duermen sobre la espalda. Para los infantes que padecen de la enfermedad del reflujo gastroesofágico (su sigla en inglés es GERD) o ciertos tipos de malformaciones de las vías respiratorias superiores, dormir boca abajo puede ser una opción mejor. La AAP recomienda a los padres a que consulten al pediatra de sus hijos en estos casos particulares para determinar la mejor posición en la que el bebé debe dormir.
Según indica la AAP, acostar a los bebés de costado tampoco es una buena idea, pues existe el riesgo de que los niños se giren y acaben durmiendo boca abajo.
Algunos padres también temen que se produzca plagiocefalia postural o deformativa (positional plagiocephaly, en inglés), que consiste en una deformación por la cual, en algunos bebés, como consecuencia de permanecer mucho tiempo recostados sobre su espalda, puede aplanarse la parte posterior de sus cabezas. Desde la difusión de la campaña "Dormir boca arriba" (Back to Sleep), este problema se ha vuelto bastante común, pero generalmente se trata fácilmente cambiando con frecuencia la posición del bebé y permitiéndole estar más tiempo "sobre su barriga" mientras esté despierto.
Por supuesto, una vez que los bebés ya pueden voltearse por si solos mientras duermen, generalmente entre los 4 y 7 meses, es posible que prefieran no estar boca arriba toda la noche. A partir de este momento, se puede dejar que los bebés elijan la posición para dormir que prefieran.


Consejos para reducir el riesgo de SIDS

Además de acostar a los lactantes sobre la espalda, la AAP propone las siguientes medidas para ayudar a reducir el riesgo de SMSL:
  • Acueste a su bebé sobre un colchón firme, nunca sobre una almohada, cama de agua, piel de oveja, sofá, sillón o cualquier otra superficie suave. Para evitar que vuelva a respirar el aire exhalado, no coloque cerca de su bebé mantas, edredones, muñecos de peluche o almohadas.
  • Asegúrese que su bebé no tenga demasiado calor mientras duerme. Mantenga la habitación a una temperatura agradable para un adulto vestido con una camisa de manga corta. Algunas investigaciones parecen indicar que si un bebé siente demasiado calor puede caer en un sueño profundo que hará mucho más difícil que se despierte.
  • No fume, beba ni consuma drogas mientras esté embarazada y no exponga a su bebé al humo que otros fumadores. Los lactantes de las madres que fumaron durante el embarazo tienen tres veces más probabilidad de morir a causa de SMSL que los bebés de las madres que no fumaron; la exposición al humo de terceras personas duplica el riesgo de SMSL en los bebés. Los investigadores especulan que fumar puede afectar al sistema nervioso, no sólo en el período prenatal sino también después del nacimiento, lo que se traduce en un riesgo mayor para los bebés.
  • Reciba atención médica prenatal desde las primeras etapas y de manera frecuente.
  • Asegúrese de que su bebé pase las revisiones médicas adecuadas con regularidad.
  • De ser posible, alimente a su bebé con leche materna. Existen pruebas de que dar el pecho a los lactantes puede ayudar a disminuir la incidencia de SMSL. La razón de esto aún no está clara, aunque los investigadores piensan que la leche materna protege a los bebés de las infecciones, que aumentan el riesgo de SMSL.
  • Si su bebé sufre reflujo gastroesofágico, asegurase de seguir las instrucciones del pediatra de su bebé respecto a las posiciones en las que debe alimentarlo y acostarlo.
  • Acueste a su bebé con un chupete durante el primer año de vida. Si su bebé lo rechaza, no lo fuerce. Los chupetes se han asociado a un menor riesgo de SMSL. Si usted alimenta a su bebé con leche materna, trate de esperar un mes antes de darle el chupete, para que el bebé se acostumbre a la lactancia.
  • Aunque los padres pueden llevarse a la cama a sus bebés para alimentarlos o darles consuelo, en cuanto se queden dormidos, deben volver a acostarlos en su cuna o moisés. Es una buena idea mantener la cuna o el moisés en la habitación donde duermen los padres. Esta costumbre se ha asociado a una disminución en la incidencia de SMSL.
Para los padres y familias que han pasado por la experiencia de perder a su bebé a causa del SMSL, existen varios grupos de apoyo, como la Alianza para la Muerte Súbita en los Lactantes (Sudden Infant Death Syndrome Alliance), que pueden proporciona asesoramiento psicológico y apoyo frente al dolor, así conexiones con otros recursos.
Incrementar el conocimiento público sobre el SMSL y las precauciones que deben tenerse en cuenta para prevenirlo debería ayudar a que en el futuro no haya tantos padres que se sientan desorientados ante este sindrome.
Revisado por: Floyd R. Livingston Jr., MD
Fecha de revisión: marzo de 2014

LINK DIRECTO A LA FUENTE
 http://kidshealth.org/parent/en_espanol/general/sids_esp.html#

miércoles, 25 de marzo de 2015

Reflujo gastroesofágico en bebés

Reflujo gastroesofágico en bebés

Es una afección que ocurre cuando los contenidos estomacales se devuelven desde el estómago hasta el esófago. Esto provoca  regurgitación en los bebés.

Causas

Cuando una persona come, el alimento pasa desde la garganta al estómago a través del esófago. El esófago se conoce como tubo de paso de los alimentos o de la deglución.
Un anillo de fibras musculares en la parte superior del estómago impide que el alimento se devuelva hacia el esófago. Estas fibras musculares se denominan esfínter esofágico inferior o EEI. Si este músculo no se cierra bien, el alimento se puede devolver al esófago y esto se denomina reflujo gastroesofágico (ERGE).
En los bebés pequeños, es normal que se presente una pequeña cantidad de reflujo gastroesofágico. Sin embargo, el reflujo continuo con vómito frecuente puede irritar el esófago y provocar melindres en el bebé. El reflujo intenso que ocasiona pérdida de peso o problemas respiratorios no es anormal.

Síntomas

  • Tos, especialmente después de comer
  • Llanto excesivo como si se tuviera dolor
  • Vómito excesivo durante las primeras semanas de vida; empeora después de comer
  • Vómito extremadamente fuerte
  • No alimentarse bien
  • Negarse a comer
  • Crecimiento lento
  • Pérdida de peso
  • Sibilancias u otros problemas respiratorios

Pruebas y exámenes

El médico a menudo puede hacer el diagnóstico del problema haciendo preguntas sobre los síntomas del bebé y realizando un examen físico.
Los bebés que no están creciendo bien o tienen síntomas graves pueden necesitar más exámenes para encontrar el mejor tratamiento.
Los exámenes que se pueden hacer abarcan:
  • Monitoreo del pH esofágico de los contenidos del estómago que ingresan al esófago.
  • Radiografía del esófago.
  • Radiografía de las vías digestivas altas después de que se le ha dado a beber al bebé un líquido especial, llamado medio de contraste.

Tratamiento

Con frecuencia, no se necesita ningún cambio en la alimentación para los bebés que regurgitan, pero que están creciendo bien y que parecen, aparte de esto, satisfechos.
El médico o el personal de enfermería pueden sugerir cambios simples para aliviar los síntomas, tales como:
  • Hacer eructar al bebé después de beber 1 a 2 onzas de leche maternizada o después de alimentarlo en cada lado si lo está amamantando.
  • Agregar 1 cucharada de cereal de arroz a 2 onzas de leche maternizada, leche o leche materna extraída. De ser necesario, cambie el tamaño de la tetina del biberón o hágale un pequeño corte en X.
  • Sostener al bebé erguido durante 20 a 30 minutos después de alimentarlo.
  • Elevar la cabecera de la cuna. Su bebé todavía debe dormir boca arriba, a menos que el médico sugiera lo contrario.
Cuando el bebé empiece a ingerir alimentos sólidos, es posible que los alimentos espesos ayuden.
Se pueden usar medicamentos para reducir el ácido o incrementar el movimiento de los intestinos.

Expectativas (pronóstico)

La mayoría de los niños supera esta afección con el tiempo. En raras ocasiones, el reflujo puede continuar en la niñez y puede causar daño esofágico.

Posibles complicaciones

  • Neumonía por aspiración causada por el paso de los contenidos gástricos hacia los pulmones
  • Irritación e inflamación del esófago
  • Cicatrización y estrechamiento del esófago

Cuándo contactar a un profesional médico

Llame al médico si su bebé está vomitando con frecuencia.
  • El vómito es fuerte y el bebé tiene otros síntomas de reflujo.
  • El bebé tiene problemas para respirar después de vomitar.
  • El bebé está rechazando el alimento y está bajando de peso o no lo está aumentando.
  • El bebé está llorando con frecuencia.

Referencias

Orenstein S, Peters J, Khan S. Gastroesophageal reflux disease (GERD). In: Kliegman RM, Behrman RE, Jenson HB, Stanton BF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 19th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2011:chap 315.

Actualizado: 8/22/2013

Versión en inglés revisada por: Neil K. Kaneshiro, MD, MHA, Clinical Assistant Professor of Pediatrics, University of Washington School of Medicine. Also reviewed by David Zieve, MD, MHA, Bethanne Black, and the A.D.A.M. Editorial team.
Traducción y localización realizada por: DrTango, Inc.




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