En las escenas de partos que se ven en el cine o por televisión, la
futura madre, a menudo perfectamente maquillada y repeinada, “da a luz” a
un bebé tras unos cuantos gritos y gemidos. Segundos después, el médico
les presenta a los emocionados padres un precioso y fotogénico bebé de
varios meses, limpio y repeinado, balbuceando tiernamente.

Compare esta imagen con el aspecto que tiene realmente un recién
nacido tras salir del vientre materno: azulado, cubierto de sangre y una
sustancia blanquecina y pegajosa y con el aspecto de acabar de
participar en un combate de boxeo.
Pero el hecho de que su bebé no se parezca a uno de esos querubines
de Hollywood no debería ser motivo de sorpresa. Recuerde que el feto se
desarrolla inmerso en líquido, replegado sobre sí mismo en un espacio
que se le queda cada vez más pequeño dentro del útero. Todo el proceso
suele culminar con el bebé siendo empujado a través de un canal del
parto óseo y sumamente estrecho, siendo necesario a veces utilizar
fórceps o ventosa.
De todos modos, hay dos cosas que conviene recordar:
- Generalmente, los rasgos que hacen que un bebé normal tenga un aspecto extraño sólo son temporales.
- A los ojos de un padre ilusionado y lleno de admiración, su bebé siempre será el bebé perfecto.
Aspecto general de los recién nacidos
El momento en que usted podrá ver, tocar o inspeccionar por primera
vez a su recién nacido dependerá del tipo de parto que tenga, de su
estado y del estado del bebé. Si tiene un parto vaginal sin
complicaciones, deberían permitirle coger al bebé a los pocos minutos de
dar a luz.
En la mayoría de los casos, los bebés parecen encontrarse en un
estado de alerta tranquila aproximadamente durante la primera hora
inmediatamente posterior al embarazo. Ése es un momento perfecto para
que usted y su pequeño se empiecen a familiarizar el uno con el oto e
inicien el proceso de
formación del vínculo.
Pero no se desespere si las circunstancias imposibilitan que conozca,
vea o coja al bebé inmediatamente después de dar a luz. Pronto podrán
pasar tiempo los dos juntos, y no hay pruebas científicas de que el
retraso de ese encuentro repercuta negativamente sobre la salud o el
comportamiento del bebé, ni sobre la ulterior relación materno-filial.
Durante las primeras semanas, se dará cuenta de que la mayor parte
del tiempo su bebé tenderá a mantener los puños apretados, los codos,
caderas y rodillas flexionados, y brazos y piernas replegados sobre la
parte anterior del cuerpo. Esta postura se perece bastante a la posición
fetal que mantuvo durante los últimos meses de embarazo. Los bebés que
nacen prematuramente pueden presentar algunas diferencias en lo que se
refiere a la postura, aspecto, actividad y comportamiento en comparación
con los recién nacidos a término.
Los bebés nacen con una serie de respuestas instintivas a estímulos como la luz o el tacto, conocidas como
reflejos primitivos, que desaparecen gradualmente conforme van madurando. Estos reflejos incluyen:
- Reflejo de succión, que hace que el bebé succione con fuerza cualquier objeto que le pongan en la boca.
- Reflejo de prensión, que hace que el bebé cierre la
mano y apriete fuertemente los dedos cuando le aplican presión en la
palma de la mano con un dedo u otro objeto.
- Reflejo de Moro, o reacción de sobresalto, que hace
que el bebé extienda súbitamente los brazos hacia los lados y luego los
repliegue sobre el tronco cuando se sobresalta ante un ruido fuerte,
una luz intensa, un olor fuerte, un movimiento repentino u otro
estímulo.
Asimismo, debido a la inmadurez del sistema nervioso, a los recién
nacidos les pueden temblar los brazos, las piernas o la barbilla,
particularmente cuando lloran o están agitados.
Durante las primeras semanas generalmente los bebés se pasan la mayor
parte del tiempo durmiendo. Esto puede estar todavía más exacerbado
durante el primer día o primer par de días de vida en los recién nacidos
a cuyas madres les administraron ciertos tipos de medicamentos o
anestesia durante el parto.
A menudo a los padres les preocupa
el patrón respiratorio
de su de recién nacido, debido a la mayor atención que ha recibido
últimamente el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Pero usted
debe tener en cuenta que es normal que la respiración de un bebé tan
pequeño sea un poco irregular.
Cuando un bebé está despierto, su frecuencia respiratoria puede
variar ampliamente, a veces excediendo las 60 respiraciones por minuto,
sobre todo cuando está agitado o después de un episodio de llantos. Los
recién nacidos también tienen períodos durante los cuales dejan de
respirar de 5 a 10 segundos y luego vuelven a respirar por sí mismos.
Esto se conoce como
respiración periódica, lo que
tiende más a ocurrir durante el sueño y se considera completamente
normal. De todos modos, si el bebé se pusiera azul o dejara de respirar
durante un período de tiempo más largo, se trataría de una emergencia,
en cuyo caso debería contactar inmediatamente con el pediatra o llevarlo
al servicio de urgencias más cercano.
A pesar de que no empezará a hablar hasta mucho más tarde, su recién
nacido producirá una sinfonía de sonidos -sobre todo grititos de alta
frecuencia- además de los llantos de rigor. Los estornudos y los hipos
también son muy frecuentes, y en los recién nacidos no indican que el
bebé padezca alguna infección, alergias o problemas digestivos.
Cabeza
Puesto que la cabeza es la parte del cuerpo que suele abrirse paso a
través del canal del parto, puede verse afectada por el traumatismo del
parto. El cráneo del bebé está formado por varios huesos independientes
que a la larga se acabarán fusionando. Esto permite que la inmensa
cabeza del bebé se deforme ligeramente al pasar por el estrecho canal
del parto sin provocar lesiones ni en el bebé ni en la madre.
La cabeza de un bebé nacido por parto vaginal a menudo presenta algún grado
de deformidad o moldeamiento,
que es cuando los huesos del cráneo del bebé se deforman y se
superponen parcialmente, haciendo que la parte superior de la cabeza del
bebé tenga una forma alargada, abombada, ovalada o, incluso,
“apepinada”. Este aspecto, que a veces puede resultar chocante, irá
desapareciendo a lo largo de los primeros días de vida, a medida que los
huesos del cráneo del bebé se vayan redondeando. La cabeza de los bebés
que nacen por cesárea o de nalgas (con las nalgas o los pies primero)
generalmente no presenta moldeamiento.
Debido a la separación existente entre los huesos que conforman el
cráneo del bebé, usted podrá palpar (no tema, no le hará ningún daño)
dos
fontanelas, también conocidas como “puntos blandos o
deprimidos”, en la parte superior de la cabeza del bebé. El de mayor
tamaño, ubicado en la parte frontal de la cabeza, tiene forma de
diamante y suele medir entre 2,5 y 7,5 cm de ancho. En la parte
posterior de la cabeza los bebés tienen otra fontanela, de menor tamaño y
en forma de triángulo. No se asuste si ve que la piel que recubre las
fontanelas del bebé sube y baja cuando el bebé llora o se esfuerza y
cuando está tranquilo e incorporado lo hace con los latidos del corazón.
Es completamente normal. Las fontanelas acaban desapareciendo cuando se
cierran los huesos del cráneo -generalmente entre los 12 y los 18 meses
para la fontanela anterior y en torno a los 6 meses para la posterior.
Además de tener forma alargada u ovalada, la cabeza de un recién
nacido puede tener una o varias protuberancias provocadas por el
traumatismo del parto. Conocido como caput succedaneum o “tumor del
parto”, se trata de una zona circular del cuero cabelludo hinchada y
amoratada que generalmente se encuentra en la parte posterior de la
cabeza, que es la que primero se abre paso por el canal del parto. Suele
remitir en unos pocos días.
Un
cefalohematoma es una masa de sangre que se ha
filtrado bajo la membrana protectora que recubre uno de los huesos del
cráneo. Generalmente está provocado por la presión que ejerce la cabeza
del bebé contra los huesos pélvianos de la madre al atravesar el canal
del parto. El edema se limita a un lado de la cabeza del bebé y, a
diferencia del “tumor del parto”, puede tardar una o dos semanas en
desaparecer. La rotura de las células sanguíneas del cefalohematoma
puede determinar que el bebé presente una ictericia más pronunciada
durante la primera semana de vida. Es importante recordar que tanto los
“tumores del parto” como el cefalohematoma se producen cuando ha tenido
lugar un traumatismo que ha afectado al exterior del cráneo, por lo que
ninguno de ellos indica que se haya lesionado el cerebro del bebé.
Cara
La cara de un recién nacido puede verse un poco hinchada debido a la
acumulación de fluido y al duro y dificultoso paso por el canal del
parto. El aspecto del rostro del bebé suele cambiar significativamente
durante los primeros días de vida a medida que el pequeño va eliminando
el exceso de fluido y se va recuperando del traumatismo del parto. Por
eso las fotos que le toman a su bebé una vez en casa serán muy
diferentes a las que le tomaron inmediamente al nacer. En algunos casos,
los rasgos faciales del recién nacido pueden estar bastante
distorsionados debido a la posición que tenía en el útero materno y al
aplastamiento que experimentó el rostro al recorrer el canal del parto.
No debe preocuparse -las orejas arrugadas, las narices aplastadas o las
mandíbulas asimétricas suelen recuperar sus formas normales con el paso
del tiempo.
Ojos
Pocos minutos después del nacer la mayoría de los recién nacidos
abren los ojos y empiezan a mirar a su alrededor. Los recién nacidos
pueden
ver,
pero probablemente no enfocan bien, por lo que puede parecer que se les
van o que bizquean durante los 2 o 3 primeros meses de vida. Al tener
los párpados hinchados, algunos bebés no pueden abrir los ojos
inmediatamente después de nacer. Cuando tome en brazos al recién nacido,
podrá estimularle a abrir los ojos aprovechando su reflejo de “ojo de
muñeca”, que es la tendencia de los bebés a abrir los ojos cuando
alguien los sostiene en posición vertical.
A veces los padres se asustan al comprobar que el blanco de uno o
ambos ojos del recién nacido está teñido de rojo. Este fenómeno,
denominado
hemorragia subconjuntival, ocurre cuando se
filtra sangre bajo la membrana que recubre el globo ocular debido al
traumatismo del parto. Se trata de algo completamente inofensivo similar
a un morado, desaparece al cabo de varios días y generalmente no es
indicativo de lesión ocular.
A menudo los padres sienten curiosidad por saber de qué color tendrán
los ojos su bebé. Si un lactante nace con ojos marrones, seguirá
teniéndolos de ese color. Esto es lo que ocurre en la mayoría de bebés
de raza negra o asiática. La mayoría de los bebés de raza blanca nacen
con los ojos grises azulados, pero la pigmentación del iris (la parte
coloreada del ojo) se puede ir oscureciendo progresivamente, no
adquiriendo su color permanente generalmente hasta que el bebé tiene
entre 3 y 6 meses de edad.
Orejas
Las orejas de un recién nacido, al igual que muchas otras partes de
la cara, pueden estar aplastadas, arrugadas o presentar otras
“deformaciones” morfológicas debido a la posición que adoptó el bebé
dentro del útero materno durante la última etapa del embarazo. Puesto
que a los recién nacidos todavía no se les ha desarrollado el cartílago
que confiere estabilidad a las orejas de los niños mayores, no es nada
raro que los recién nacidos tengan temporalmente las orejas arrugadas o
parcialmente deformadas. También son frecuentes los pequeños colgajos u
depresiones en la piel del costado de la cara justo delante de las
orejas. Generalmente son fáciles de extirpar. Si le preocupa, hable con
el pediatra del bebé.
Nariz
Puesto que los recién nacidos suelen respirar por una nariz de
pequeño tamaño y por unas vías nasales muy estrechas, pequeñas
cantidades de fluido nasal o mocos pueden hacerles respirar ruidosamente
o parecer congestionados aunque no estén acatarrados ni tengan ningún
otro problema de salud. Pregunte al pediatra cómo debe utilizar gotas
nasales de solución salina y una perita para ayudar a despejarle las
vías nasales al bebé si es necesario.
Los
estornudos también son habituales en los recién
nacidos. Se trata de un reflejo completamente normal que no tiene por
qué obedecer a una infección, alergias u otro problema de salud.
Boca
Cuando el recién nacido abre la boca al bostezar o llorar, es posible
que usted se dé cuenta de que tiene unos pequeños puntos blancos en el
paladar, generalmente cerca del centro. Se trata de pequeñas masas de
células denominadas
perlas de Epstein. Estos puntos, así como los
quistes
llenos de fluido que a veces están presentes en las encías de los
recién nacidos, desaparecerán durante las primeras semanas de vida.
Cuello
Sí... El cuello está ahí: entre el tronco y la cabeza, aunque no lo
parezca. Normalmente el cuello parece más corto en los recién nacidos
porque tiende a quedar escondido entre los pliegues de piel y las
rollizas mejillas.
Pecho
Puesto que la pared torácica de los bebés es muy fina, es posible que
usted vea o note al tacto cómo la parte superior del tórax del bebé se
mueve cada vez que le late el corazón. Esto es normal y no debería
preocuparle.
Asimismo, los recién nacidos de ambos sexos pueden tener las
mamas abultadas.
Esto se debe a una hormona femenina denominada estrógeno que la madre
trasmite al feto durante el embarazo. Tal vez pueda palpar unas masas de
tejido duro, en forma de disco, debajo de los pezones del bebé, y
ocasionalmente los pezones pueden secretar una pequeña cantidad de
fluido con aspecto lechoso (denominado coloquialmente "leche de
brujas"). Este engrosamiento mamario casi siempre desaparece durante las
primeras semanas de vida. A pesar de lo que creen algunos padres, no se
deben estrujar o apretar las mamas del bebé -con ello no se consigue
que pierdan volumen más deprisa.
Brazos y piernas
Después del parto, los recién nacidos tienden a adoptar una postura
similar a la posición fetal que adoptaron en el interior del útero
durante la última etapa del embarazo: brazos y piernas flexionadas y
replegados sobre el tronco. Generalmente tienen los puños apretados, y
puede resultar difícil abrírselos porque el hecho de tocarles o
colocarles un objeto en la palma de la mano desencadena un fuerte
reflejo de prensión.
Los recién nacidos pueden tener las
uñas de los dedos de las manos
lo bastante largas como para arañarse cuando se llevan las manos a la
cara. Si le ocurre esto a su bebé, deberá cortarle con mucho cuidado las
uñitas con unas tijeras pequeñas.
A veces a los padres les preocupa el aspecto curvado de las piernas y
pies de su recién nacido. Pero, si piensa en la postura que adoptaba
dentro del vientre materno durante las últimas etapas del embarazo
-caderas y rodillas flexionadas con piernas y pies hacia arriba
replegados sobre el abdomen- no le debería extrañar que las piernas y
los pies de su recién nacido tiendan a curvarse hacia adentro. De todos
modos, con el paso del tiempo, las piernas se van enderezando de forma
espontánea cuando el pequeño empiece a ganar peso, a andar y a crecer
durante los dos o tres primeros años de vida.
Abdomen
Es normal que el abdomen de un bebé (la barriguita) sea bastante
prominente y redondeado. Cuando el bebé llore o se esfuerce -por
ejemplo, al defecar-, es posible que usted note que la piel que cubre la
parte central del abdomen se proyecta hacia afuera entre las bandas de
tejido muscular que conforman la pared abdominal en cada lado del
abdomen. Esto casi siempre desaparece durante los primeros meses de vida
a medida que el bebé va creciendo.
A muchos padres les preocupa el aspecto y cuidado del
cordón umbilical
del bebé. El cordón contiene tres vasos sanguíneos (dos arterias y una
vena) rodeadas de una sustancia gelatinosa. Tras el parto, el cordón se
pinza o se ata antes de cortarlo para separar al bebé de la placenta. En
la mayoría de centros sanitarios, se aplica un líquido bactericida al
muñón umbilical tras el parto. El muñón umbilical se desprende entre el
décimo día y la tercera semana de vida. Tal vez le enseñen a curar esta
parte del cuerpo del bebé periódicamente con alcohol para prevenir
posibles infecciones hasta que el muñón se seque y se desprenda
completamente. El muñón umbilical no debería sumergirse en agua durante
el baño hasta que esto ocurra. A medida que se vaya secando, el cordón
irá cambiando de color, de amarillo a marrón o negro -es algo normal.
Pero usted debería consultar al pediatra si el área del ombligo se
enrojece o empieza a supurar o a oler mal.
Las
hernias umbilicales son frecuentes en los recién
nacidos, particularmente en los de raza negra. Un orificio en la pared
abdominal en el lugar del cordón umbilical o futuro ombligo permite que
una parte del intestino del bebé sobresalga a través del orificio cuando
éste llora o hace esfuerzos, provocando que la piel que la recubre se
proyecte hacia fuera. Generalmente estas hernias son inofensivas y no
dolorosas. La mayoría de ellas se cierran solas durante los primeros
años de vida, pero, en el caso de que no se cierren por sí mismas, una
intervención quirúrgica muy sencilla las puede corregir. Los remedios
caseros que se han practicado durante años para tratar las hernias
umbilicales, como atar una moneda con un cordel o dar golpecitos con una
moneda sobre el área,
no se deben utilizar. Estas técnicas no sirven de nada y pueden provocar infecciones cutáneas u otras lesiones.
Genitales
Los genitales (órganos sexuales) de los recién nacidos de ambos sexos
pueden parecer relativamente grandes e inflamados. ¿Por qué? Por varios
motivos, incluyendo la exposición a las hormonas producidas por la
madre y por el feto, las magulladuras e inflamaciones provocadas por el
traumatismo del parto y el curso natural de desarrollo de estos órganos.
En las niñas los
labios mayores, esto es, la parte
más exterior de la vulva pueden verse hinchados. La piel de los labios
puede estar lisa o bien algo arrugada. A veces, sobresale una pequeña
porción de tejido rosa entre los labios -se trata del
colgajo himenal, que no tiene ninguna importancia y que se acaba retrayendo y pasando a formar parte de los labios cuando crecen los genitales.
Debido al efecto de las hormonas maternas, la mayoría de recién
nacidas tienen flujo vaginal. Éste está compuesto por una secreción
pegajosa que a veces contiene algo de sangre y que dura varios días.
Este “miniperíodo” es una secreción uterina tipo menstrual completamente
normal que tiene lugar cuando los estrógenos que la madre transmitió a
su hija durante el embarazo empiezan a desaparecer. A pesar de que se
trata de algo mucho más frecuente en los bebés de sexo masculino, la
hinchazon de la ingle en una recién nacida puede indicar la presencia de
una
hernia inguinal.
En los niños, el escroto (la bolsa que contiene los testículos) a menudo parece estar hinchado. Generalmente esto se debe a un
hidrocele,
una acumulación bastante habitual de líquido en el escroto que suele
desaparecer entre el tercer y el sexto mes de vida. Si usted detecta una
hinchazon o protuberancia en la zona escrotal o inguinal del bebé que
persiste más allá de los tres a seis meses o que parece variar de
tamaño, debería consultar al pediatra. Eso podría indicar la presencia
de una hernia inguinal, que suele requerir tratamiento quirúrgico. Los
testículos de los recién nacidos pueden ser difíciles de palpar dentro
de un escroto inflamado. Los músculos unidos a los testículos tiran de
ellos y hacen que se retraigan bruscamente hasta la región inguinal
cuando alguien toca el área genital del bebé o cuando sus genitales se
exponen al frío. Los bebés de sexo masculino es normal que experimenten
frecuentes
erecciones, a menudo justo antes de orinar.
Más del 95% de los recién nacidos orinan durante las primeras 24
horas de vida. Si su bebé nace en un hospital, el personal de la sala de
neonatos querrá saber si el bebé ha orinado mientras estaba con usted.
Si un recién nacido parece no haber orinado todavía, es posible que haya
orinado apenas al nacer cuando todavía estaba en la sala de partos. Con
tanto ajetreo, es posible que su primera micción pasara desapercibida.
Si a su hijo le practican la circuncisión, es decir, le extirpan el
prepucio, probablemente éste tardará entre 7 y 10 días en curársele.
Hasta que lo haga, es posible que el glande (la punta del pene) esté en
carne viva o amarillento. A pesar de que esto es normal, otros síntomas
no lo son. Llame inmediatamente al pediatra si el bebé sangra de forma
persistente, si detecta un enrojecimiento alrededor de la punta del pene
que empeora tras 3 días,
fiebre,
signos de infección (como presencia de ampollas llenas de pus), o si el
bebé no orina con normalidad durante las primeras 6 a 8 horas
posteriores a la intervención.
Para cuidar el pene de su hijo, esté o no circuncidado, no necesitará
utilizar algodoncitos, desinfectantes de uso tópico ni ningún producto
especial para el baño -bastará con que utilice jabón y agua tibia cada
vez que lo bañe.
Tampoco es preciso adoptar ninguna precaución especial con los bebés
recién circuncidados, aparte de proceder con delicadeza, puesto que el
pequeño puede tener algunas molestias tras la intervención. Si al bebé
le han vendado la incisión, es posible que usted le tenga que cambiar el
vendaje cada vez que le cambie los pañales durante uno o dos días
después de la intervención (póngale vaselina para que la venda no se le
pegue a la piel). Los pediatras también recomiendan aplicar una pequeña
cantidad de vaselina sobre el pene o en la parte delantera del pañal
para aliviar cualquier posible molestia provocada por el roce de la
parte operada con el pañal. La forma de cuidar el pene del bebé también
dependerá del tipo de circuncisión que le hayan practicado. Asegúrese de
preguntarle al pediatra qué tipo de cuidados necesitará.
Si no ha circuncidado a su bebé, asegúrese de no retraerle el
prepucio brusca o enérgicamente para limpiarle debajo. En lugar de ello,
ténselo suavemente contra el glande y limpie cualquier esmegma
(secreción blanquecina compuesta por células de piel muerta mezcladas
con la grasa natural del cuerpo). Con el tiempo, el prepucio se retraerá
por sí mismo y podrá separarse del glande sin problemas. Esto ocurre a
diferentes edades en diferentes niños, pero a la mayoría de los niños se
les puede retraer el prepucio sin problemas cuando tienen unos 5 años.
Piel
Los bebés llegan al mundo empapados de varios fluidos, incluyendo el
líquido amniótico y a menudo la sangre (procedente de la madre, no del
bebé). El personal hospitalario procederá casi inmediatamente a secar al
bebé a fin de evitar cualquier descenso brusco de su temperatura
corporal que se produciría si la humedad de la piel se evaporara
rápidamente. Los recién nacidos también nacen cubiertos de un material
blanquecino denso, pastoso y pegajoso denominado
vernix caseosa
(compuesto por secreciones de las glándulas sebáceas y células
epiteliales descamadas del mismo feto), la mayor parte del cual se
elimina la primera vez que se baña al bebé.
El color y las manchas que tienen los recién nacidos en la piel pueden alarmar a algunos padres. El aspecto
moteado o
jaspeado
de la piel, un patrón irregular de pequeñas áreas rojizas y pálidas, es
habitual debido a la normal inestabilidad de la circulación sanguínea
en la superficie dérmica de los recién nacidos. Por razones similares,
los recién nacidos también pueden presentar
acrocianosis,
una tonalidad azulada en la piel de manos, pies y el área que rodea los
labios, sobre todo si se encuentran en un ambiente fresco.
Cuando se esfuerce para llorar o para hacer de vientre, es posible
que la piel del recién nacido adquiera temporalmente una coloración
entre morada y azulada o entre roja y granate. En el rostro y otras
partes del cuerpo del recién nacido son habituales las marcas rojas, los
rasguños, los moretones y la
petequia (pequeñas motas
rojas provocadas por hemorragias intradérmicas o subcutáneas). Todos
ellos están provocados por el traumatismo asociado al hecho de tener que
atravesar el estrecho canal del parto o por la presión que ejercen los
fórceps que a veces se tienen que utilizar durante el parto. Todos ellos
se curan y desparecen durante la primera o dos primeras semanas de
vida.
Es posible que la cara, los hombros y la espalda del recién nacido estén cubiertos por un vello fino y suave, denominado
lanugo.
La mayor parte del lanugo se pierde dentro del útero materno antes de
que la madre dé a luz; por este motivo, el lanugo se ve más
habitualmente en bebés prematuros. En cualquier caso, este pelo se
pierde en pocas semanas.
La capa superior de la piel del recién nacido se irá descamando
durante la primera semana o dos primeras semanas de vida. Se trata de
algo normal y que no requiere ningún tratamiento especial. Algunos bebés
ya vienen al mundo con la piel descamada, sobre todo aquellos que nacen
después de la fecha de salida de cuentas.
Marcas de nacimiento
A pasar del nombre, no todos los bebé vienen al mundo con
marcas de nacimiento. No obstante, las áreas de color rosa o rojo, conocidas como
parches salmón o hemangioma plano,
son habituales y suelen desaparecer durante el primer año. Aunque se
observan más frecuentemente en la parte posterior del cuello, o en el
puente de la nariz, los párpados o la frente (de ahí que reciban los
graciosos nombres de”picotazo de cigüeña” o “beso de ángel”), se pueden
encontrar en cualquier lugar del cuerpo, sobre todo en los bebés de piel
clara.
Las
manchas sacras o mongólicas están presentes en
más de la mitad de los recién nacidos de raza negra, indígenas
americanos y asiáticos, y menos frecuentemente en los bebés de raza
blanca. Se trata de áreas planas de color azul pizarra o azul verdoso
que parecen manchas de tinta y que se pueden encontrar en la espalada,
las nalgas u otras partes del cuerpo. No tienen ninguna importancia y
casi siempre van perdiendo intensidad hasta desaparecer durante los
primeros años de vida.
Los
hemangiomas capilares o en fresa son marcas de
nacimiento de color rojo, prominentes y de textura rugosa, provocadas
por conjuntos de capilares dilatados. Estas marcas pueden ser de color
claro al nacer pero típicamente se vuelven rojas y aumentan de tamaño
durante los primeros meses de vida. Luego suelen disminuir de tamaño y
desaparecer sin tratamiento durante los primeros seis años.
Las
marchas tipo vino de oporto, que son de gran
tamaño, planas y de color morado rojizo, no desaparecen por sí solas. A
medida que el niño va creciendo, los problemas estéticos (percibidos por
los padres o por el mismo niño) pueden requerir la atención de un
dermatólogo.
Las
manchas tipo café con leche, así denominadas por
su color marrón claro, están presentes en la piel de algunos bebés. Su
color se puede intensificar (o pueden aparecer por primera vez) conforme
el niño va creciendo. No suelen tener ninguna importancia a menos que
sean grandes o de que el bebé presente seis o más en el cuerpo, lo que
podría indicar la presencia de ciertos trastornos médicos.
Los frecuentes lunares marrones o negros, denominados
nevo pigmentado,
también pueden estar presentes desde el nacimiento o bien aparecer o
intensificarse su color conforme va creciendo el niño. Los lunares de
gran tamaño o de aspecto extraño deben ser examinados por un dermatólogo
porque algunos se deben extirpar.
Hay diversas
erupciones inofensivas y problemas
dérmicos sin importancia que pueden estar presentes desde el nacimiento o
bien aparecer durante las primeras semanas. El
acné miliar,
también denominado “milio”, consiste en pequeños granitos, planos y
amarillos o blancos que salpican la nariz y barbilla. Está provocado por
la acumulación de secreciones de las glándulas sebáceas de la piel y
desaparece durante las primeras semanas de vida.
La
miliaria -una erupción de pequeñas vesículas
rojas y prominentes que suelen tener la “cabeza” blanca o amarilla- se
denomina a veces acné del lactante por su aspecto. A pesar de que a
menudo afecta a la cara y puede abarcar áreas extensas del cuerpo, se
trata de un trastorno cutáneo inofensivo que remite en pocas semanas con
los cuidados normales de la piel.
A pesar de lo imponente de su nombre médico, el
eritema tóxico
también es una erupción inofensiva que presentan algunos recién
nacidos. Consiste en manchas rojas con vesículas de color claro o
amarillento en el centro, similares a las ampollas. Esta erupción suele
salir durante el primer día o par de días de vida y desaparece en una
semana.
La
melanosis pustulosa, una erupción presente desde
el nacimiento, sobre todo en bebés de raza negra, se caracteriza por
bultitos o vesículas de color marrón oscuro que salpican el cuello, la
espalda, los brazos, las piernas y las palmas de las manos. Generalmente
desaparece sin tratamiento. Asimismo, no es nada raro ver a recién
nacidos con
ampollas por succión en dedos, manos o
brazos, ya que el feto puede empezar a chuparse estas partes del cuerpo
cuando todavía está en el útero materno.
La ictericia neonatal
La
ictericia
neonatal, es decir, la coloración amarillenta de la piel y la
esclerótica (el blanco de los ojos), es un trastorno habitual que
normalmente no aparece hasta el segundo o tercer día de vida y
desaparece en 1 a 2 semanas. La ictericia está provocada por la
acumulación de bilirrubina (un producto de deshecho producido por la
descomposición normal de los glóbulos rojos) en la sangre, la piel y
otros tejidos, debido a la incapacidad temporal del hígado inmaduro del
recién nacido para eliminar eficazmente esta sustancia del cuerpo.
Aunque cierto grado de ictericia es normal y esperable, si un recién
nacido presenta este problema antes de lo esperable o su nivel de
bilirrubina es más alto de lo normal, entonces el pediatra deberá
proporcionarle seguimiento atento.
Familiarizarse con el recién nacido
Los primeros días y semanas de la vida de un recién nacido son una
etapa de asombro y regocijo para la mayoría de los padres. De todos
modos, el hecho de ser responsable de una criatura aparentemente tan
frágil y vulnerable puede imponer mucho, sobre todo cuando no se está
familiarizado con el aspecto y el comportamiento de los recién nacidos.
Si usted está preocupado o inseguro sobre cualquier aspecto del cuidado
de su bebé, no dude en llamar al pediatra, a otro profesional de la
salud o algún familiar o amigo que tengan experiencia en el cuidado de
recién nacidos.
Actualizado y revisado por:
Steven Dowshen, MD
Fecha de la revisión: abril de 2014
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